¿Podría la verdadera esclava sexual dar un paso adelante?

¿Podría la verdadera esclava sexual dar un paso adelante?
dossier: comercio sexual
Julia O'Connell Davidson
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Durante la última década, un amplio rango de actores estatales y no gubernamentales han mostrado una creciente conciencia y preocupación por el hecho de que la industria sexual puede ser sitio de varias formas (a veces extremas) de explotación y abuso. Al interior, la inquietud particular se ha enfocado en fenómenos descritos como esclavitud sexual y trata con fines de explotación sexual, y, en el discurso antitrata dominante, dos afirmaciones se han enunciado tantas veces que han adquirido una cualidad como de mantra. La primera es que la trata de personas ocurre a escala masiva en todo el mundo. La trata se describe como un negocio de siete mil millones de dólares anuales que involucra a decenas de miles de mujeres y menores de edad: "Nadie discute que hoy en día la trata ha alcanzado proporciones alarmantes, y su magnitud afecta a muchos países, ya sean países de origen, de tránsito o de destino" (Javate de Dios 2002: 1). La segunda es que las personas traficada son víctimas de la esclavitud moderna y deberían ser tratadas como tales, afirmación que hacen por igual ministros del gobierno y portavoces de ONG que ejercen presión al respecto.