Frontera norte, narcocapitalismo y literatura

Frontera norte, narcocapitalismo y literatura
desde el límite
Jean Franco
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En la discusión que hace sobre los feminicidios en Ciudad Juárez, Rita Laura Segato concluye que fueron obra de grupos poderosos. Al llegar a esta conclusión, señala que los asesinatos requirieron apoyo sustancial e infraestructura para transportar y ocultar los cadáveres, y argumenta que los perpetradores son personas anónimas con el poder de mantener su anonimato. Podrían ser agentes de la ley, ciudadanos prominentes, oficiales corruptos o criminales de alto nivel que controlan el territorio. Asimismo, afirma categóricamente que "personas 'de bien', grandes propietarios, están vinculados con las muertes. Falta, sin embargo, un eslabón crucial: ¿qué lleva a estos respetados jefes de familia exitosos en las finanzas a implicarse en crímenes macabros y, por lo que todo indica, cometidos colectivamente?" (Segato 2008: 83). Segato llega a esta conclusión porque los crímenes requirieron de una organización considerable para ocultar a las mujeres antes de asesinarlas y garantizar el silencio de los involucrados, e incluso argumenta que los asesinatos fueron sacrificios rituales diseñados para simbolizar el control sobre el territorio...