El 15-M y mi amiga Emília

El 15-M y mi amiga Emília
emPLAZAdas. Nuevas formas de hacer política
Ángels Martínez Castells
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A su manera, con su familia, sin dejar de sonreír y sin ningún miedo, indignada desde hace años y reaccionando como pocas, estaba mi amiga este mes de mayo en la plaza Catalunya, con un clavel en el pecho. Su vida ha sido muy dura: una historia, como tantas de la emigración, con hijos pequeños desde un pueblo en la costa norte de Portugal hacia ciudades mucho mayores en el norte de esta Europa que no es ni tan culta, ni tan limpia, ni tan feliz como prometía el poeta. Su marido cambió el mar y los horizontes casi infinitos por los rígidos horarios y las paredes casi carcelarias de una gran empresa metalúrgica, de esas que crecieron y se hicieron multinacionales malpagando el trabajo de tantos y tantos desheredados de los países más pobres. Portugal es cuna de emigrantes, y los hijos e hijas de Emília lo aprendieron muy pronto. Ahora, ya mayores, han quedado desperdigados por esa Unión que poco a poco se entrega a los mercaderes más corruptos, mientras ahoga la democracia que fue su cuna y su identidad.