M o H

M o H
desde la literatura
María Pozzio
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Le habían contado que hacía mucho tiempo, en la facultad, habían criado a un perro raro, indefinido, con unos genitales un poco confusos: las bolsas de los testículos desinfladas, una pequeña protuberancia tipo pene —pero que nunca se erguía— y, en su interior, ovarios como los de cualquier perra. El perro, a quien llamaban Diagonal —porque había gente que decía "la" Diagonal y otros que decían "el" Diagonal—, era un collie nevado de mirada arisca, que sus dueños habían donado a la ciencia cuando se enteraron de su malformación. La gente de la facultad estaba encantada con tener un engendro de apariencia tan normal como Diagonal, y, pedagógicamente, le explicaron a los exdueños que lo que tenía el perro no era una malfor-mación, sino una indecisión genética. Esas fueron las palabras, tal como las leyó Ronnie en los archivos del Consejo de Investigación y Bioética de la década de 1950, cuando el perro era la estrella de la facultad.