La liberadora libertad de esclavizarse

La liberadora libertad de esclavizarse
cuidados y juventud
Graciela Martínez Corona
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Seguramente esta es una historia conocida.

Era 7 de diciembre. A las ocho de la noche salí del cuarto de mis hijos llorando. Lloré en la cocina. Lloré mirando el bote de basura. Lo había intentado todo, arrullarlos, pedirles tranquilamente que se durmieran. Ellos brincaban, gritaban. ¡Puta madre! Comencé a regañar. No pude controlar la situación, hasta que decidí que era mejor salirme, aunque lloraran, a mostrarles que soy esa persona desbordada que no puede más de agotamiento y frustración.

Esa noche sentí que mis hijos eran un peso terrible en mi vida. No podía más.