Elogio de la diversidad

Elogio de la diversidad
las mañanitas
Jean Franco
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Siempre me han atraído las misceláneas, los pot pourri del siglo XIX, destinadas a una gama extensa de lectores. Si DEBATE FEMINISTA tiene algo en común con ellas, es el propósito de incluir un coro de voces distintas. Desde el principio ha sido una revista que abraza la multiplicidad de temas e interpretaciones: política, trabajo y tiempo, ciudadanía, poesía, geografía, arte ¿feminista?, vibradores, orgasmo, identidades, intimidad y servicio. Aunque a veces anuncia un tema predominante: "La ciudad", "Las raras", "Cuerpos sufrientes", cada número tiene distintos lugares de enunciación: "Desde la literatura", "Desde la política", "Desde Chiapas". Se encuentran temas tan diversos como "Lorena Ochoa en el césped de St Andrews", "El Zócalo en cueros" o "¿Cuál es el límite para la población de la Tierra?". Uno de los placeres es hojear la revista y gozar de esta variedad —los poemas de Coral Bracho, las contribuiciones de Jesusa y Liliana, los ensayos de Margo Glantz y Monsiváis—. Siempre nos sorprende algo outside the box (fuera de la caja) como, por ejemplo, un ensayo sobre grafiti, una nota sobre literatura africana en el número 37, ensayos sobre "las raras" en el 29, el tributo en el número 22 a Alaíde Foppa, y por supuesto "Desde el diván", que incluye toda clase de reflexiones. Tal heterogeneidad indica una generosidad de criterio y el deseo de trascender límites de clase, de nacionalidad, de preferencia sexual. Además, ciertas intervenciones —sobre el aborto, sobre la diversidad sexual— reflejan argumentos que, diseminados en el ámbito público, han tenido resultados positivos, por ejemplo, la despenalización del aborto en el df y la mayor aceptación de la diversidad sexual, aunque en otras áreas —la violencia contra la mujer, la desigualdad económica— nada parece haber cambiado.