Qué tienen en común feminismo y libertad

Qué tienen en común feminismo y libertad
desde la política
Linda M.G. Zerilli
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A juzgar por el tropel de publicaciones que proclaman "el fin del feminismo", parecería que el feminismo, en tanto movimiento político y social, ha llegado más o menos a su límite.1 Para algunos críticos, el fin responde al hecho presuntamente incontrovertible de que la discriminación que el feminismo pretendió contrarrestar es cosa del pasado. Desde esta perspectiva, la igualdad de género es un hecho legal a la espera de su plena realización social, la cual, de acuerdo con la lógica del progreso histórico, es inminente. Para otros críticos, ese no es el caso. Los cambios en la ley no resultan automáticamente en cambios sociales sino que requieren el seguimiento y la vigilancia de un movimiento político continuo. Entonces, cuando esos críticos anuncian el fin del feminismo, lo hacen más con una sensación de pérdida que de triunfo. Y acaso tengan razón: cada vez se hace más difícil identificar el "movimiento" en el movimiento feminista, porque el feminismo, cuando no se encuentra oculto y a salvo en las instituciones formales del estado democrático liberal, puede parecer un conjunto disperso de luchas variopintas de origen popular que han perdido la orientación que otrora les brindara el sujeto colectivo "mujeres".