Funeral de Doña Jesusa Rodríguez

Funeral de Doña Jesusa Rodríguez
argüende
Jesusa Rodríguez
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A petición popular relataré la experiencia de lo que fue el velorio y los rituales que siguieron a la muerte de mi adorada madre.

Todo comenzó la noche anterior a su muerte. A las dos de la mañana, Gabriela mi hermana me llamó muy alarmada, mi mamá estaba agitada y se la notaba exhausta (tras peregrinar por cuatro hospitales, había librado una difícil operación y ya instalada de regreso en casa, llevaba un largo mes luchando por la vida que tanto amó). Respondí al teléfono y en tres minutos ya estaba con Gabriela y Benjamín, mi sobrino, tratando de tranquilizar a mamá. A eso de las tres de la mañana se calmó, y Benjamín y Gabriela se fueron a dormir. Yo me quedé a acompañarla y fue una de las noches más inquietantes y profundas que he vivido. Mi madre hablaba al vacío con un personaje con el que no se llevaba nada bien —seguramente era la muerte, a la que nunca quiso—. Cada vez que yo iba a la cocina a calentar un cojincillo que ella adoraba sentir en el cuello, la escuchaba discutir con aquel invisible personaje, pero cuando yo volvía con el cojincillo, la discusión paraba y ella volvía a estar aquí conmigo, como si nada hubiera pasado.