Frida Kalho: de las etapas de su reconocimiento

Frida Kalho: de las etapas de su reconocimiento
cuerpos sufrientes
Carlos Monsiváis
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En la explanada del Palacio de Bellas Artes, ni se dispersa ni se inmuta el gentío, el aviso del diluvio demográfico, lo que podría llamarse la Gran Hilera de los Tiempos Culturales. Quieren ver la gran exposición de Frida Kahlo, casi se puede decir —y la exageración apenas se nota— que acuden a encontrarse personalmente con Frida Kahlo (la obra es la vida, la vida es la memoria imborrable), y eso los hace soportar la frecuencia de la lluvia, tres o cuatro horas de cola, las decepciones al no conseguir la entrada, la otra lluvia del diluvio de los comentarios circulares ("A mí Frida siempre me dice algo"), el "vuelva mañana" esta vez no dirigido a desempleados sino a postergados ("Vivo en Matehuala, y no me quiero ir sin ver a Frida").