La pornografía y los Savonarola de la censura

La pornografía y los Savonarola de la censura
desde el erotismo
Margo Glantz
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En 1977 se inició en Barcelona una colección de erótica dirigida por Luis G. Berlanga (el director de cine), editada por Tusquets. En el prólogo a la edición, Berlanga aseguraba:

Alguien tendrá que pedir perdón por los años perdidos.

Mientras tanto aquí estamos todos, o casi todos, intentando enlazar los buenos tiempos, apresurándonos en el reencuentro, hinchando tanto el gozo que apenas si vemos solución de continuidad entre el deseo antiguo, heredado, y este aparecido ahora a la sombra de las muchachas en flor de las revoluciones.

Y no es así. Los Savonarola, los enterradores color ala de mosca, no sólo nos pintaron sucias manchas de tinta sobre los hermosos senos. Su labor fue más insidiosa y las consecuencias más tristes de lo que creemos. La cosa no fue que, un día sombrío, se tapó a Gilda y, otro bullanguero, se destaparon sus hijas. Esto es la trampa, el pequeño juego de cartas postales articuladas.