El Zócalo en cueros

El Zócalo en cueros
cuerpos desnudos
Carlos Monsiváis
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Desde muy temprano, tres o cuatro de la mañana, enfilan hacia el Zócalo grupos, parejas, solitarios o, como tal vez ya se diga, movimientos sociales unipersonales. Acude gente de todas las clases (la expresión no abarca a la burguesía porque esto exigiría guaruras desnudos, pero sin armas) y de todas las edades, menos la del inicio y la terminal; gente que en el desorden de artes, oficios, profesiones y desempleos se dividen en estudiantes, profesionistas, amas de casa a la nueva usanza ("Cuando entres al depto. prende luego, luego la tele, que tarda en calentarse"), médicos, abogados, ingenieros, pasantes, burócratas, profesionales de género (médicas, abogadas, ingenieras, etcétera), un conjunto de animosos presumiblemente de tendencia izquierdista (la derecha protege en zonas exclusivas su derecho a la intimidad en público). La lista sigue: rockeros, mariachis que recién terminaron las faenas, vendedores ambulantes, taxistas... si se quiere acertar, elíjase en el mapa vocacional y laboral lo que se intuya, se conozca o se ajuste al censo de la audacia y las ganas de romper tabúes.