Cuando las palabras no eran las cosas

Cuando las palabras no eran las cosas
desde la literatura
Rosa Beltrán
PDF

De mis más antiguos recuerdos, uno muy claro fue haber percibido que el mundo se dividía en dos. El de los "hacedores" y el de los "fabuladores". Los hacedores eran los hombres. A ellos pertenecía el reino de los cielos. Ser hacedor era irse a trabajar todo el día, era "tu papá es muy responsable y como es muy responsable no está". Ser hacedor era otra de las formas de llamar al abandono. Mi madre, en cambio, era la fabuladora. A través de ella conocí el olor y el tacto, mis primeras narraciones sobre el mundo, y poco después, el sonido de las cosas. Mi madre era una voz. Un torrente explosivo hecho de muchas voces, propias y ajenas, porque era una excelente imitadora. Su magia consistía en que la persona imitada no se parecía nunca al original, aunque lo recordaba. De algún modo misterioso ella lo hacía surgir mediante un gesto, un rasgo mínimo, que luego transformaba, convirtiendo al aludido en él y alguien más.