El lenguaje del placer

El lenguaje del placer
lecturas
Ana Amuchástegui
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Al leer la primera parte de La noche es joven me asaltaron muchas preguntas. ¿Por qué Héctor Carrillo estaba tan preocupado por las identidades sexuales? ¿Por qué parecía que a cada práctica sexual correspondía una identidad específica? ¿Qué necesidad había de tal correspondencia?

Al ir avanzando en la lectura me pareció observar cómo el autor, antropólogo al fin, iba descendiendo o adentrándose cada vez más en las complejidades de las culturas sexuales mexicanas. Fui testigo, en mi lectura, de una transformación subjetiva y científica en la que Carrillo pasaba de la extrañeza a la comprensión, de estar "afuera" a estar "adentro". En estas primeras páginas me pareció notorio el diálogo entre una cultura sexual norteamericana centrada en las identidades y su potencial emancipador, y las estrategias de sujetos sexuales que con frecuencia buscan escapar a tales identidades sexuales; un diálogo entre una concepción "moderna" (para usar los términos en el texto) de la sexualidad como la verdad de sí, y la multiplicidad de fuentes de identidad como el género, la edad y algunas distinciones de clase.