De las variedades de la experiencia homoerótica

De las variedades de la experiencia homoerótica
desde lo queer
Carlos Monsiváis
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Uno de los logros del film de Ang Lee, Brokeback mountain (2005), es situar la gran pregunta: ¿hasta qué punto las nociones de homosexualidad masculina, o de vida gay, se han confinado a la experiencia urbana, y allí básicamente a los "muy obvios", los afeminados y, sin tanta identificación visual, a partir de "la Revolución Sexual" de la década de 1960, a los frecuentadores del ghetto integrado por bares, discotecas, restaurantes, tiendas, "geografía especializada" del Ligue (cambiante al gusto de la represión que en términos generales va disminuyendo), baños de vapor, la Marcha del Orgullo el último sábado de junio, los grupos (de enfermos de sida y que viven con VIH, de cristianos, de boliche o basketball, de discusión política, etcétera)? Pese a la multiplicidad de opciones y a que ya la orientación homosexual o gay es muy notoria en grupos amplios, sus representaciones más ostensibles en México continúan localizadas en los grupos artísticos (teatro, danza), los activistas y "los maricones irremediables" de cada lugar.