¿Cómo transformar a hombres en mujeres?

¿Cómo transformar a hombres en mujeres?
desde las masculinidades
Rodrigo Parrini Roses
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Los estudios de género han seguido una extraña trayectoria. El primer personaje que vemos esbozado en el ya clásico artículo de Gayle Rubin sobre el “Tráfico de mujeres” es una mujer doméstica a la que se le han asignado ciertos deberes y determinadas tareas, según una división sexual del trabajo que dispone el trabajo doméstico para las mujeres y el remunerado para los hombres. En ese artículo, Rubin se pregunta —estableciendo un símil con unos párrafos de Marx— “¿qué es una mujer? Una hembra de la especie”, responde, “[S]ólo se convierte en doméstica, esposa, mercancía, conejito Playboy, prostituta o dictáfono humano en determinadas relaciones” (Rubin,1996:36; las cursivas son mías). En determinadas relaciones emerge de una hembra de la especie —sólo de la especie humana, por lo demás— una dueña de casa o una conejita Playboy, o ambas alternadamente. Una hembra de la especie, el personaje que Rubin delinea en su artículo, que puede ser muchas cosas a la vez, o sólo una de ellas, pero que tiene como destino, en tanto hembra, ser alguna de esas cosas o muchas otras, pero no todas entre el conjunto de posibilidades que la especie esgrime para sus retoños. No será sacerdote, al menos entre los miembros de la especie que dicen profesar la fe católica, ni tampoco parlamentaria entre otros que la consideran inferior para asumir tareas públicas. Hembras que han sido muchas cosas en ciertos momentos históricos y que no han podido ser otras tantas.