Las madres que matan

Las madres que matan
maternidades
Hélène David
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¿Por qué el filicidio? Esta pregunta, que se hacen dramáticamente todos aquellos que no se conforman con un juicio de valor reduccionista y tranquilizador, nos induce a reflexionar sobre las fallas del proceso del pensamiento y de sus relaciones con el obrar. Si se excluyen las motivaciones ordenadas en torno de un delirio psicótico, y si todas las mujeres que traté recibieron de los expertos que las examinaron un diagnóstico de trastorno fronterizo de la personalidad, es forzoso aceptar que la supuesta “desnaturalización” de la función maternal no está tan alejada de la función llamada “suficientemente buena”. No es muy tranquilizador para las madres que se creen “normales”. Y cuando además se agregan a esos diagnósticos perfiles de escolarización y trabajo comparables al promedio y valorados socialmente, cuando el drama se juega contra el fondo de un desarrollo previsible de la jornada, estamos obligadas a concluir que la frontera entre nosotras y esas madres es aún menos hermética de los que nos gustaría creer. ¿Se trata de una cuestión de diferencia cuantitativa o cualitativa? Aulagnier plantea en estos términos las balizas entre la relación pasional y la relación amorosa normal e insiste en hablar de una diferencia, no de grado, sino sin duda de naturaleza