De cómo en nuestro imaginario (París incluido) se conciben l@s hij@s

De cómo en nuestro imaginario (París incluido) se conciben l@s hij@s
testimonio
Adriana Ortega
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Hoy Claudio nos vio cansadas y tendió no sólo su cama sino la nuestra. En parte, gesto de hijo amoroso que empieza a demostrar que él también sabe cuidar a sus mamás; en parte, artilugio de un seductor profesional que busca negociar más tiempo frente al play station. Al hijo único, que se sabe deseado y adorado, a veces le resulta complicado aprender el sentido de los límites: que no puede jugar nintendo indefinidamente, que eructar estruendosamente en la mesa no es un juego, que la respuesta más apropiada cuando le pedimos que haga algo que no le gusta no es “¡Madres, qué desmadres!”. En fin que, como los otros niños de su escuela, como sus amigos (a los diez años difícilmente los niños tienen amigas) es indispensable que transite de ser un niño travieso a un adolescente disciplinado, a un adulto responsable, cualquiera que sea la composición de su familia. Así las cosas, cabe preguntarse ¿qué será lo que distingue una maternidad lésbica de otras?