Sólo cólera

Sólo cólera
desde el diván
Adam Phillips
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No consideraríamos nada como tragedia si no tuviéramos previamente un sentido del orden profundamente arraigado que puede ponerse en entredicho. Tanto en la vida como en el arte, la tragedia —para no mencionar las tragedias menores de la vida cotidiana: los insultos, los accidentes, los obstáculos que dan lugar a nuestros melodramas o a la irritación diaria— expone, al violarlas, nuestras suposiciones, inconscientes en su mayor parte, sobre la manera como debería ser el mundo; y cuán a menudo damos por hecho que es como debería ser (un mundo, digamos, que no contiene ya nuestra muerte en él). El enojo al perder las llaves —más allá de lo que revela sobre nuestros significados personales o nuestras divisiones internas— nos muestra que también vivimos en un mundo en el que las llaves siempre están a la mano.