No es por vicio ni por fornicio

No es por vicio ni por fornicio
desde la convivencia
María Teresa Priego
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Refiriéndose a la propuesta de ley de las Sociedades de Convivencia, el obispo Onésimo Cepeda declaró que la convivencia entre parejas gay no podía ser más que un “arrejuntamiento”. ¿Tendría el término una connotación peyorativa? “Arrejuntamiento” —en el discurso del señor Cepeda— es lo contrario a la santidad del matrimonio cristiano centrado en la reproducción. Pero “arrejuntamiento”, a fin de cuentas, es una palabra muy exacta para describir la necesidad de
amor y cercanía entre dos seres humanos cualquiera que sea su sexo. La involuntaria poesía del señor obispo. “Arrejuntarse” es conocerse, acercarse con palabras. Disminuir las distancias. Tocarse, escucharse. “Arrejuntarse” es crear compromisos y pactos de pareja, es declararse mutuamente solidarios, juntos y partícipes de una intimidad cercana y común. “Arrejuntarse” es venirse juntos. Encontrar otro/a para vivir la sensación de “arrejuntamiento” es una necesidad intensa de la mayoría de los seres humanos. El “arrejuntamiento” es la búsqueda de amor. Se puede dar entre una pareja del mismo o de distinto sexo, para vivir juntos o para que no, con religión o sin religión, con deseo de tener hijos o de no tenerlos. Las variables son muchas, en el fondo del “arrejuntamiento” comprometido está el amor, con su —tan vilipendiado por la jerarquía católica— erotismo a cuestas.