La paridad

La paridad
desde la política
Sylviane Agacinski
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Nunca había tenido tantas ganas de escribir un libro. Me puse a trabajar sin pensármelo, como una necesidad personal, abandonando todo lo demás...

No había ninguna razón específica para ello: en junio de 1996, algunas mujeres de la política, traspasando los clichés habituales, lanzaron un manifiesto a favor de la paridad, reclamando medidas concretas para establecer la igualdad efectiva entre los hombres y las mujeres en los órganos de decisión. Igualdad efectiva equivalía a equilibrio cuantitativo, pues en aquel momento en Francia había un 5.5 por ciento de mujeres en la Asamblea Nacional y un 5.6 por ciento en el Senado. El debate sobre la paridad, que tuvo de pronto gran resonancia en la escena pública, me despertó de un gran letargo. Yo tenía un poco abandonada la "cuestión de las mujeres" y las luchas feministas, pues me parecía que habían cumplido ya su objetivo, al menos en nuestro país. Rebuscando entonces en mi biblioteca alguna obra sobre la historia del feminismo —adecuada a las circunstancias me di cuenta de que la mayoría de los libros y revistas dedicadas a la "cuestión de las mujeres" estaban en los estantes más altos, en un lugar casi inaccesible. La gran cantidad de polvo que los cubría me hicieron ser consciente, de golpe, del grado de indiferencia que se había acumulado entre esta cuestión y yo desde hacía quince años.