Elia nunca había visto el mar

Elia nunca había visto el mar
el trabajo doméstico
María Teresa Priego
PDF

Sebastián —mi bebé— nació a contracorriente; entre un cordón enredado en sí mismo, un ginecólogo distraído en vísperas de su periodo vacacional, una cesárea de ultra emergencia y un papá y una mamá repitiendo su nombre como si fuera un mantra. Sebastián abandonó su escondite secreto y respiró justo a tiempo. Desembarcó en el mundo así como ahora desembarca en todos lados: aguerrido, intransigente en su deseo... gañanazo. A huevo que respiró. Y yo siento -aunque sea la convicción más ruidosamente absurda de este mundo- que ese sujeto se eligió y nos eligió y que sus circunstancias iniciales definieron nuestro lazo. Le agradezco que se haya aferrado. Se lo agradezco tanto, que los primeros seis meses de nuestra vida en común —ya los dos frente a frente— no pude, simplemente no pude, dejar de escucharlo. Diego tenía diez años. Santiago nada más uno y medio. Cuenta mucho ese "nada más".