Como perro

Como perro
desde la literatura
Hortensia Moreno
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Luna llena. Luz azul a través del filtro de la persiana. Rayas de luz sobre la cobija. El cuerpo de David. Puede que ya sean las cinco de la mañana. O será igual que ayer: sólo las tres o las dos. El tiempo no transcurre parejo. Tal vez levantarse. Ir a la sala, encender la luz, acomodarse en el sillón y agarrar el libro. En cuanto lo abra, me va a dar sueño. Se me van a cerrar los ojos. Se me va a caer la cabeza. Se me va a torcer el cuello. Así ocurrió a las once de la noche. David dijo: "no te hagas, ya te vi: te estás durmiendo. Mejor vámonos a la cama". Hace calor. El duerme como un oso. No duerme: hiberna. Duerme bocabajo, abandonado a la gravitación. Una caricia sobre el lomo peludo del oso. No se entera de nada. Duerme de un tirón toda la noche sin interrupciones. Los dedos entre la tersa pelambre. La piel un poco húmeda, el ritmo pausado de su respiración. A lo lejos, una sirena. O un maullido. O el llanto de un niño. Algo golpea el muro por afuera, tal vez un cable suelto. El viento zumba por una rendija . Algún imbécil no se ha enterado de que la alarma de su coche lleva media hora sonando. Pasos en el departamento de junto, una puerta se cierra. Algo cae, objetos menudos, arena, sobre el tejado. El agua por la cañería. El refrigerador. El móvil de ónix en la terraza. Un perro aúlla. Otro le contesta con un ladrido seco. El primero replica indeciso. Uno más interviene en la conversación. Se quedan un rato callados. Vuelven a empezar: un ladrido grave, uno profundo, uno agudo, lastimero. Otra vez los tres, pero son los mismos tres inconfundibles, cada uno en su turno. En el fondo, por la parte de atrás, otro más responde con un ladrido a su vez distinto. Cinco o seis cuadras más allá otro más y así hasta los confines de la colonia, de azotea en azotea, hasta que el mensaje se transmita por toda la ciudad, cumpla el ciclo y vuelvan a empezar los perros vecinos. Ya. Debo de haberme quedado dormida —¿serán ya las cinco?— porque soñé con agua y una escalera. ¿Qué diferencia hay entre un sueño y una pesadilla? El sueño puede ser indiferente o gozoso. El resplandor de la luna por la persiana. A David no le gusta que la cierre por completo; ni siquiera sé si es capaz de producir una penumbra total. David teme quedarse dormido y llegar tarde . Quiere que lo despierte la luz del sol. A mí me despierta la luz de la luna, la luz del alumbrado público, la luz del departamento de enfrente, la luz del coche que pasa, el resplandor del cielo. Muchas mañanas miro el amanecer desde la cama, el lento clarear. Duermo a ratitos todo el día. Como un perro.