Degradarlo todo jubilosamente

Degradarlo todo jubilosamente
argüende
Jesusa Rodríguez
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A veces cuando triste y abatida me siento en la pirámide de Cuicuilco y trato de imaginar como era aquel paisaje en el pasado, aparece con horror ante mis ojos ese lago sin ciudad, esa cuenca sin progreso, ese cielo sin espectaculares, esos ríos sin embotellamientos, esos volcanes sin conjuntos habitacionales, esa bóveda celeste sin smog, esa laguna sin edificios, esa región de tan transparente prácticamente invisible, ese espacio inurbano sin conurbar, esos montes sin suburbios, en fin, ese páramo lacustre sin pavimentar que debió ser México antes de convertirse en una ciudad dinámica y moderna.