El fantasma de Greta Garbo

El fantasma de Greta Garbo
desde las estrellas
Terry Castle
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Uno de varios fantasmas que rondan este libro es el de Greta Garbo, que murió en abril de 1990, justo después de que había yo comenzado el artículo "La lesbiana espectral", que identifica este volumen. Por casualidad, un cine local exhibía un ciclo retrospectivo de Greta Garbo. Esa misma semana, junto con muchos otros y con un compartido sentimiento de tributo, acudí a admirarla como la luminosa, surrealista Reina Cristina. En el más extraño momento —de los muchos de esa película—, cuando Garbo-Cristina, moviéndose como en un trance de sonambulismo camina lentamente alrededor de la habitación de una posada donde acaba de pasar una noche de amor apasionado con el embajador español, "inscribiendo en su memoria" cada objeto y cada mueble con sus manos y sus ojos, sólo para terminar, como en sueños, murmurándose a sí misma un extraño soliloquio acerca de los copos de nieve que caen silenciosamente tras los cristales, me sentí anonadada por el hechizo de toda la escena: una actriz lesbiana, que representa a una reina notoriamente lesbiana, en una de las escenas de amor heterosexual clásicas del cine hollywoodense. ¿No era raro? Sin embargo, nadie parecía notarlo, excepto, tal vez, la Garbo. ¿Qué cosa podía ser, imaginaba yo, el impenetrable discurso sobre la nieve —deliberadamente improvisado y a soto vote— sino una especie de huida de sí misma, un modo de barnizar con ironía todo lo que le había pasado hasta entonces? Ella nos estaba sugiriendo, me imagino, que sabía. ¿No era obvio? Aunque aparentemente no, a juzgar por las confiadas caras de mis compañeros espectadores, tan ubicados en la ilusión —según parecía— como el embajador español.