Reparaciones

Reparaciones
desde la literatura
Mónica Mansour
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Ana estaba deprimida. Y, la verdad, no le faltaban razones: hacía apenas unos días le habían confirmado su embarazo y Pablo, su compañero, el padre de este hijo, había desaparecido dos semanas antes sin despedirse siquiera. Además, en su trabajo había tenido problemas y la habían obligado a firmar su renuncia. Estaba sola, sin un centavo, en medio del desconcierto general respecto de la contradicción entre el mundo y su propio concepto del mundo: no tenían nada que ver uno con el otro. Y, para colmo, se le descompuso el teléfono del departamento. Lo único que le faltaba: el teléfono descompuesto. Pasaron los días, reporte tras reporte al 05, y pasaron las semanas —Ana ahora trabajaba "freelance" y había repartido su número de teléfono a todos los posibles interesados en sus servicios—, y ya pasaba del mes.