Mal de amores

Mal de amores
desde la literatura
Ángeles Mastretta
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Una mañana, a mediados de agosto, bajó a la botica adormecida por estas preguntas, sola, porque su madre alegó que veía en las ojeras de Diego el cansancio de los últimos meses y que lo obligaría a quedarse en calma un rato más. Los dejó sentados a la mesa de un desayuno tardío y disculpó a su padre de las primeras horas frente al mostrador.

Abrió la puerta que daba a la calle, preparó unas recetas, acomodó contra los estantes la escalera corrediza. Estaba hecha de encino y brillaba siempre como si acabaran de barnizarla. Servía para alcanzar y sacudir los pomos de porcelana que blanqueaban de lujo todas las paredes. Subida en el penúltimo escalón empezó a frotarlos de uno en uno con un trapo limpio. ¿Qué iba a pasarle si Daniel no regresaba?