La comunidad imaginada

La comunidad imaginada
otredad
Benedict Anderson
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Antes de examinar las cuestiones que voy a plantear, pare ce conveniente considerar brevemente el concepto de 'nación" y obtener una definición operativa. Los teóricos del nacionalismo se han sentido a menudo desconcertados, por no decir irritados, ante tres paradojas: 1) La modernidad objetiva de las naciones a la vista del historiador, frente a su antigüedad subjetiva a la vista de los nacionalistas. 2) La universalidad formal de la nacionalidad como un concepto sociocultural —en el mundo moderno, todos tienen y deben "tener" una nacionalidad, así como tienen un sexo—, frente a la particularidad irremediable de sus manifestaciones concretas, de modo que, por definición, la nacionalidad "griega" es sui génerds. 3) El poder "político" de los nacionalismos, frente a su pobreza y aun incoherencia filosófica. En otras palabras, al revés de lo que ocurre con la mayoría de los "ismos", el nacionalismo no ha producido jamás sus propios grandes pensadores: no hay un Hobbes, ni un Tocqueville, ni un Marx o un Weber. Este "vacío" produce fácilmente cierta condescendencia entre los intelectuales cosmopolitas y multilingües.