Gabriela Mistral: la dura lección de que existen patrias

Gabriela Mistral: la dura lección de que existen patrias
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Gabriela Cano
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Invitada por el gobierno del General Alvaro Obregón a colaborar con las labores de la campaña de educación pública organizada por José Vasconcelos, la escritora Gabriela Mistral vivió en México durante casi dos años, entre 1922 y 1924. Estaba en pleno auge el renacimiento artístico y cultural de la etapa posterior a la Revolución Mexicana.

A los treinta y tres años de edad, Gabriela Mistral ya gozaba de reconocimiento continental como poeta —Desolación apareció en Nueva York justo en 1922— y en Chile su prestigio profesional en el magisterio la había llevado a ocupar importantes cargos en el ramo educativo. Al traerla a México, Vasconcelos, entonces Secretario de Educación Pública, estaba llevando al terreno de los hechos sus ideas sobre la unidad espiritual artística y cultural de Hispanoamérica. Un año antes, Pedro Henriquez Ureña, escritor dominicano que entonces radicaba en Estados Unidos, había acudido al llamado de Vasconcelos, su antiguo compañero del Ateneo de la Juventud, para hacerse cargo de crear la Escuela de Verano de la Universidad Nacional.