La vida boca arriba

La vida boca arriba
desde la literatura
Joaquín Hurtado
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Morirse viendo cómo te caes a pedazos ofende a los demás pero aguza los sentidos y purifica el alma. Te santifica como chapuzón en un río de aguas cristalinas, luminosas. Los colmillos de Dios se clavan lujuriosos en las últimas astillas de tus huesos de pajarito. Cuánta belleza en este morir lento, calendarizado, sofisticado y mamón. Si uno quiere hace del sida una agonía muy nais. Morirse de esto, de esta palabra que no volveré a mencionar, de este concepto que aturde y vuelve torva la mirada de quien la escucha es algo que a nadie deseo pero de tanto morirme ya no puedo vivir sin ello. Es más, a mí me sigue causando cierta sensación de hastío, de aburrimiento decirle a los otros, sí, efectivamente estoy así de seco porque tengo "eso", qué flojera tener que abrirles la conciencia para que convivan con la de situaciones, ideas, gestos y demás parafernalia que requiere uno para enfrentar esta chingadera. Leo la vida, la vida no me puede leer a mí. Ahora me dicen la Perrita por perra y chiquita, dejo a cuenta de ustedes lo que traen detrás estos apelativos...