La creación del personaje masculino

La creación del personaje masculino
desde la escritura
Margaret Atwood
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Estoy más que encantada de que hayan invitado a una mujer insigne a dar la conferencia Hagey este año, y aunque hubieran podido elegir a otra más respetable que yo, me doy cuenta de que la oferta con la que cuentan es limitada.

Que carezco de respetabilidad es algo que sé de buena fuente: de hecho, la fuente son los académicos de la Universidad de Victoria, en Columbia Británica, donde me entrevistaron hace poco. "Hice una pequeña encuesta" me dijo el entrevistador, "entre los profesores de aquí. Les pregunté qué pensaban de su obra. Las mujeres fueron todas muy positivas, pero los hombres contestaron que no sabían qué tan respetable fuera usted". Así que les advierto que lo que aquí aparece no será, académicamente, muy respetable. Mi perspectiva es la de una novelista de oficio, habitante desde hace mucho de New Grub Street, no la de la estudiosa de la época victoriana que aprendí a ser, durante cuatro años, en Harvard; aunque no puedo deshacerme de la influencia victoriana, como se puede ver. Así que ni siquiera mencionaré la metonimia y la sinécdoque, excepto en este instante, para impresionarlos y para que vean que sé que existen.