El sexo de la escritura

El sexo de la escritura
crítica: la crítica literaria feminista
Enrico Mario Santí
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Los más acuciosos ya se habrán dado cuenta de que no soy mujer. Acaso mi mejor credencial sea la de ser un modesto residente de la ciudad, algunos dirían el pueblo, de Ithaca. Creo, por cierto, que hay cierta justicia poética en el hecho de que se celebre esta asamblea sobre nuevas aproximaciones a mujeres poetas del mundo hispánico en una ciudad llamada Ithaca, y precisamente en el college que lleva su nombre. Si recordamos, es justamente una Ithaca la que le sirve de escenario a buena parte de La Odisea, uno de los primeros poemas de la cultura occidental. Ithaca representa, en el mundo imaginario de Occidente, el origen, el punto de partida y de llegada de Ulises, como también el sitio donde aguarda Penélope, su fiel esposa, durante más de diez años, protegiendo su hogar y convencida del retorno del marido ausente. Es en el segundo canto de La Odisea (cuyo significativo título es "La asamblea en Ithaca') donde se nos narran los trabajos de Penélope por mantener a raya a aquellos pretendientes que, aprovechando la oportuna ausencia de Ulises, le han pedido la mano. Cediendo un tanto a las presiones de estos señores, Penélope termina admitiendo la muerte de Ulises, no sin antes advertir que no habrá de escoger un nuevo esposo hasta que termine de tejer un sudario para Laertes, su suegro anciano.