“Yo soy de nacimiento cobarde. He temido muchas cosas, pero lo que he temido más es la soledad”

"Yo soy de nacimiento cobarde. He temido muchas cosas, pero lo que he temido más es la soledad"
memoria: Rosario Castellanos
Elena Poniatowska
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Dice José Joaquín Blanco en su excelente Crónica de la poesía mexicana que Rosario Castellanos, "con su nombramiento de embajadora y su muerte lamentable pasó a encarnar un mito nacional" y su apreciación es discutible. Más que mito se trata de una entronización por parte del entonces presidente Echeverría y de su familia, y dentro de la política mexicana lo que un sexenio consagra el otro lo silencia. Mito o no, institucionalizada en los setentas como una segunda Virgen de Guadalupe, adulada, condecorada y reconocida por los grupos de poder, Rosario Castellanos fue una figura bien ajena a los que pretendían beatificarla. Fue ante todo, una mujer de letras, vio claramente su vocación de escritora y ejerció siempre el oficio de escribir. Amó esencialmente la literatura, la estudió, la divulgó. Fue un ser concreto ante una tarea concreta: la escritura y desde un principio se comprometió con ella. Lo demás, puestos, condecoraciones, homenajes, vinieron por añadidura. Su vida nos enseña mucho sobre nosotros mismos, sus conflictos personales analizados a la luz pública nos ayudan a comprendernos, su tono intimista e irónico nos obliga a bajar el tono, a sonreír, a reír, a no tomarnos en serio, su obra, esa sí muy seria, constituye un punto de partida del cual podemos arrancar las que pretendemos escribir ya que engloba a las mujeres pero sobre todo a las mexicanas. No es que Rosario se haya obligado a emular a Simone de Beauvoir, es que el único punto de referencia era Simone de Beauvoir, y por lo tanto América Latina en un afán de ponerse al día, produce desde Picassos hasta Elizabeth Taylors del subdesarrollo. Lo que Rosario tenía de valioso estaba en sí misma, no en los papeles que se le endilgaron: el de feminista, el de mujer mexicana ejemplar, el de funcionaria patriota. Sin embargo, tampoco se puede disociar a Rosario Castellanos de lo que representó para sus contemporáneos.