El postmodernismo y sus malestares

El postmodernismo y sus malestares
la conquista de la teoría
Kate Soper
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El socialismo “realmente existente” se desplomó bajo la presión de la revolución popular en Europa central y del Este hacia el fin de los años ochenta, la misma década en que las formas postmodernas del pensamiento se afirmaron y, al asentar sus reales, abrieron sitio a un amplio rango de posiciones teóricas que habían sido la base de las políticas socialistas. El efecto neto de esta convulsión intelectual y política ha sido el de perturbar seriamente la ecuanimidad con la cual muchas personas de izquerda nos habíamos definido en el pasado como socialistas. En cierto sentido, esto es paradójico, dado que durante esa misma década muchos de nosotros fuimos extremadamente explícitos al denunciar al “socialismo” soviético y al trabajar en acabar con el viejo orden en Europa del Este; y también, dado que entre nosotros había un grupo influido por la agudeza de la teoría postmodernista y que, inclusive, la empleaba. Sin embargo, si hoy hay más sensibilidad que antes respecto al léxico del socialismo, es porque los desarrollos teóricos y políticos han planteado con más fuerza que nunca lo difícil que va a ser disociar la idea socialista de lo que se ha hecho en su nombre en el bloque soviético. Estos desarrollos también nos han vuelto más autocríticos ante la confianza, y a veces complacencia, con las que estábamos acostumbrados a invocar la idea de un “auténtico socialismo”, como si éste nos dirigiera a una alternativa claramente deseable y obviamente viable a la ortodoxia comunista.