Nadine D’Orange

Nadine D'Orange
el poder del deseo
Marguerite Duras
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Fue después del "interrogatorio" de André Berthaud retransmitido por la televisión, cuando fui a ver a su mujer. Esperé una hora detrás de su puerta, ella no quería abrir, me echaba, estaba escondida por el espanto y el horror. Luego abrió. Hablamos mucho. Mientras hablaba, ella escuchaba los ruidos de la escalera, y de nuevo la policía —me acuerdo de la imagen: el hombre de los locales de la calle Saussaies, pegado al muro, a la luz de los reflectores, los ladridos de los policías, la codicia, se los repartían entre ellos como un festín. Vas a decirlo, ¿verdad? dilo... Di que los has cobrado... cerdo... Dieciocho años después, la cosa aún está ahí, intolerable. Pidió ir al wáter, y allí se hundió el cortaplumas en el corazón, él que no sabía nada, supo hacerlo. Me acuerdo del efecto de esta noticia, la misma noche, por televisión. La ira de la gente y, de pronto, su negativa a ser manipulada, su negativa a tragarse la versión de la policía, según la cual A. Berthaud se había suicidado, precisamente porque era culpable. Gran derrota de la policía, según la cual A. Berthaud se había suicidado, precisamente porque era culpable. Gran derrota de la policía, este asunto.