De cuerpo entero

De cuerpo entero
desde la mirada
Gonzalo Muñoz
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Quisiera hacer la reconstitución de escena de esa particular situación, momento existencial, experiencia estética, que es el encontrarse frente a una fotografía como las de Paz Errázuriz o Graciela Iturbide, fotógrafas de una cierta latinoamericanidad. Y quisiera plantear esa situación, además, como un momento y una experiencia teórica. Si entendemos que toda teoría está ligada a una conmoción en la cual la infinita cercanía y la infinita lejanía al objeto, generan la reflexión (recordemos la noción de entfernung o "alejamiento", en Heidegger). Esa conmoción que surge con igual intensidad frente al álbum familiar ajeno, a la huella impresa de la crónica amarilla, al rostro del delincuente bajo los focos policiacos, a las desoladoras imágenes de guerra, al gesto angustiado del deportista, del golpeado, del hambriento, del sicótico, esa conmoción tiene que ver con una determinada textura de la imagen en la cual se emboscan estratos simbólicos poderosos y colectivos. Prueba de ello es esa inquietante semejanza que se produce entre fotografías absolutamente distintas, cuando el tono, el ritmo, la carga, es similar. Creo poder descifrar allí una cierta verdad de la fotografía que hoy me parece central, pero que va más allá del referente y más allá del significado iconográfico que se pueda articular en la imagen. Es algo que tiene que ver más que nada con una determinada inscripción escénica y me gustaría decir que es algo que ocurre a nivel del grano, de la textura, del ritmo, del claro oscuro, de la perforación, es algo que en todo caso circula molecularmente por la escena. Y si hablo de escena, hablo en primer término de escena del pensamiento.