La superficie pulida

La superficie pulida
desde otro lugar
Tununa Mercado
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Siempre me inquietó que el bosque de la sexualidad, abusando de las clasificaciones, se dividiera en compartimientos estancos. Un árbol principal, el del Bien y del Mal, en hombres y mujeres, con serpiente enroscada y ciencia depositada en el núcleo de una manzana; el más frondoso árbol de los heterosexuales y los homosexuales: la rama de los heterosexuales en heterosexuales homogéneos y heterosexuales bisexuales; la de los homosexuales hombres en hombres y mujeres; la de las lesbianas en lesbianas compactas y lesbianas bisexuales, y entrecruzamientos inimaginables entre estas diferentes opciones, y eso sin pensar en los anafroditas que hacen de la abstinencia la máxima virtud y paradójicamente quizás sostienen en su rama la mayor carga erótica por privación, y que no eligen sexo ni se colocan en casilla alguna, dejando pasmadas a las demás ramificaciones; y sin pensar, desde luego, en los andróginos que incluyen todo, los dos cuerpos, las espaldas unidas como siameses, cuatro brazos, cuatro piernas y una sola cabeza para pergeñar el dos después del banquete platónico, y que poseen coogonios y anteridios en la misma hifa, ni tampoco en el Hermafrodito al que se fundió por amor Salmacis, ninfa de un lago, convirtiéndolo, y convirtiéndose ella con él, en un ser de doble naturaleza en el que la "virilidad" no contaba.