El encuentro con el feminismo

El encuentro con el feminismo
dossier: el feminismo en Italia
Rossana Rossanda
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Ya he escrito sobre mi encuentro con el feminismo, a una edad en la cual mi abuela, si no es que mi madre, decidía vestirse de negro y se sumaba a esos seres asexuados que son las mujeres maduras. No puedo decir que ese encuentro me haya tranquilizado en el declinar hacia una sabia madurez; al contrario. Nada estaba resuelto en mi vida; al menos en aquello que más me apremiaba. Pensé alguna vez que hubiera querido ser sepultada con una bandera roja, porque aún son mías las palabras fuera de uso de la Internacional; y no me importaba que a otros les pareciera ridículo. Sigue sin importarme, pero hoy me parece inadecuado, en mi generación política, ese rojo que para tantos, mucho más viejos, y algunos mucho más jóvenes, ha sido la vida y la muerte en un sentido estrecho. Nosotros somos los comunistas de la transición, sin revolución y sin los dramas de la revolución. Bujarin podía decirle a suhijo: "Cuando veas la bandera roja de nuestro país, recuerda que ese rojo está hecho también de mi sangre..." ¿Pero nosotros? Protegidos por esta descolorida y ya intoxicada democracia, ni siquiera hemos utilizado el tiempo que nos daba para reflexionar a fondo sobre lo que debíamos sacar de esa experiencia y de las revoluciones ocurridas, y del mismo convulsivo impulso hacia los cambios que maduró en el mundo en la segunda mitad del siglo. En la furia que se apodera de tantos comunistas formalmente matriculados por cambiar de nombre y zambullirse en las leyes "objetivas" de la empresa y del mercado, hay acaso un principio de realidad; hay el cansancio de perseguir lo que surge de los principios, y la poca gana de decirse que, por ello, pudo haberse convertido en una necesidad más madura y no en un residuo. Y quien, como yo, tiende a creerlo, tiene pocas fuerzas para un redescubrimiento del cambio de los sujetos y de los conflictos; me parece que todo está por hacer y que difícilmente lo harán los solitarios.