Mamá y Guatemala

Mamá y Guatemala
Alaíde, diez años
Silvia Solórzano Foppa
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La imagen que tengo de mamá ha ido cambiando. Cuando después de su muerte supe cosas de ella, no era la madre que yo había conocido. Dentro de la familia, mamá era una figura muy fuerte, de mucho peso; determinaba lo cotidiano, el ritmo de la casa: la vida, pues, y también las formas, los cuadros, la música. A sus hijos nos involucraba en su mundo, en una parte del mundo intelectual y artístico de México, y dos de mis hermanos se fueron metiendo en eso: la música, el baile. Pero toda la militancia política y la nostalgia del exiliado, que determinaron que tres de los cinco hermanos regresáramos a Guatemala, y que nos llevó a comprometernos en la lucha revolucionaria, nos las inculcó papá.