Alaíde

Alaíde
Alaíde, diez años
Luis Cardoza y Aragón
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Se han cumplido diez años del asesinato de Alaíde Foppa, una de las guatemaltecas más destacadas en el siglo. En los días de su desaparición conocimos varias versiones de ello, prevaleciendo la certeza que Alaíde perdió la vida al ser torturada. Constantemente leemos noticias de interminables y de increíbles sucesos semejantes en Guatemala. Muy rara vez nos enteramos de algo positivo, de alguna creación memorable o de acontecimnientos sociales y políticos que nos sitúen en las cosas civilizadas que vivimos.

Todos nos preguntan siempre, ante el sacrificio de Alaíde, por qué no dejarla con vida después de que la hubiesen interrogado hasta el cansancio. Ella sabía lo que todos sabíamos y sabemos de la vida dolorosa de Guatemala. Perdurará muy viva la memoria de esta gran mujer que encarna a decenas de millares de guatemaltecos "desaparecidos". Haberla martirizado nos dice, con ardiente elocuencia, cuán hondamente enferma se encuentra nuestra injusta, muy injusta sociedad.

En la vida de Alaíde Foppa se compendian las bondades de la mujer guatemalteca; en la muerte de Alaíde Foppa se compendian la insólita vesania y la inaudita crueldad guatemaltecas.

Mi recuerdo desea abarcar a su compañero Alfonso Solórzano, a sus hijos heróicos Juan Pablo y Mario Solórozano Foppa. Ahora que escribo este apunte parece que hay firmes esperanzas de paz. Guatemala necesita paz, justicia social y libertad. He sido persistente, como una gota de agua, en el claro afán de que salgamos de la barbarie.