La politización de las feromonas

La politización de las feromonas
historia
Antonio Lazcano Araujo
PDF

Domingo a domingo, fieles a un calendario regido por la memoria colectiva y por la posibilidad del descanso laboral, las muchachas de Satélite y Atzcapotzalco, las sirvientas de zapatos nuevos y vestidos de colores eléctricos, la piel brillante gracias a las dosis generosas de Crema Nivea, se dan cita en la Plaza de Tacuba. Se ríen recargándose unas en otras y se toman de la mano, hablando con sus lenguas de pajaritos, mientras en torno suyo, formando grupos entre audaces y tímidos, los muchachos, los obreros, los soldados de casquete corto, los mozos, giran siguiendo el ritmo silencioso de un cortejo ritual, sonríen, se acercan, bromean, son rechazados, son aceptados. Es como un cuadro de Guzaguin: las pieles morenas, las enormes cascadas de pelo negro, los colores brillantes, los ojos iluminados por el deseo, en una atmósfera de una sensualidad que apenas si alcanza a ser contenida por la hora y el sitio.