Viejas

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Varios
Octubre 2010

Editorial

Pese a los tiempos aciagos y tristes que estamos viviendo, este número está lleno de buenas noticias. Nuestra queridísima Cecilia Olivares ha optado por su vocación de terapeuta y deja la Redacción después de 10 años de fructífero trabajo. Seguirá muy cerca, como integrante del Comité Editorial y, esperamos, escribirá más. Por otra parte, celebramos el ingreso al equipo de Dulce María López Vega y Ariadna Molinari Tato. Ambas llegan con mucho entusiasmo y más disponibilidad de tiempo, lo que nos permitirá concretar un sueño largamente postergado: echar a andar la casa editorial DEBATE FEMINISTA. De hecho, Dulce ya ha estado trabajando en el libro de Carlos Monsiváis Que se abra esa puerta que aparecerá en diciembre, en coedición con Paidós, además de estar en la preparación de los que vienen detrás.

También en este número saldamos una deuda con Jean Franco. Recordarán que en el número de aniversario de veinte años (el 40) Jean escribió un generoso texto titulado "Elogio de la diversidad". Al final terminaba contando que unos años atrás había asistido a una reunión del Comité Editorial aquí en México: Propuse un número sobre la vejez que las mujeres allí reunidas rechazaron rotundamente. Era una decisión democrática, sin embargo sigo reflexionando sobre su reacción. Señalaba una zona de prohibición y de miedo que hubiera sido interesante abordar. Fue una cachetada con guante blanco que nos obligó a pensar qué nos pasaba con el tema, de dónde el temor o por qué el tabú. Aprendimos la lección y nos pusimos a debatir sobre la vejez, la nuestra, la de las mujeres, la de nuestros padres y madres. Buscando encontramos textos geniales y, un año después, presentamos este número 42 dedicado a las Viejas, donde el texto de Jean Franco, "Confesiones de una bruja", abre el bloque de ensayos. A sus 85 años, Franco reflexiona sobre la vejez, y su vejez, y suelta de nuevo una audazmente crítica y consistentemente lúcida provocación: hasta que perdamos la vergüenza de sentirnos viejas no habrá un pensamiento político de la vejez. Tenemos que aprender a aprovecharnos de nuestra edad, a usarla (2010: 6).
Hace casi veinte años, en 1982, Marta Acevedo, Haydée Birgin y yo entrevistamos a Marie Langer para el número 24 de la revista fem, cuyo tema era también la vejez y que coordinó Marta Acevedo. Marie señalaba que había cuatro territorios específicos de la vejez: "el deterioro progresivo de la salud, la marginación, la sexualidad negada y la muerte que se avecina". Ella, que hubiera cumplido cien años en este pasado agosto, se desmarcó desde esos tres primeros deterioros con una vida intensa y productiva, pero la muerte la alcanzó muy pronto, a los 77 años de edad. Su lúcida reflexión es vigente hoy en día, así que siguiendo su ejemplo y el de Jean Franco, hemos querido dar una imagen potente y optimista de esa etapa de la vida a donde todas vamos a llegar.

Por eso aplaudimos la idea de Dulce María de poner a Louise Bourgeois en la portada. Cuando empezábamos a armar este número nuestra nueva coordinadora editorial propuso la foto célebre de Robert Mapplethorpe de la artista franconorteamericana. Con esta imagen poderosa, que asocia la vejez con la creatividad, celebramos su "insolencia", todo lo que la hace parecer "impertinente" para lo consabido: la determinación con la que carga a su Fillette (que antes se llamaba consolador y hoy dildo o juguete erótico), su sonrisa cómplice y burlona, el atuendo y las connotaciones sexuales "inapropiadas para una mujer de su edad y de su rango".

El Comité, con el trabajo y la creatividad de Dulce y Ariadna, ha armado un número que abarca más de los cuatro territorios clásicos que señaló Marie Langer y que, al introducir textos gozosos, abre un horizonte de esperanza. A continuación, Dulce les contará de qué va esta revista.
ML

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La imagen a la que Sara García decidió consagrar su vida, la de "abuelita del cine nacional", constituyó una muy larga utopía de cierta sociedad mexicana; un proyecto que mucho tenía de monstruoso. La idealización mediante la representación reiterada valía la prescripción de la madre-abuela como anciana abnegada y complaciente, a la que todos rinden pleitesía… haciéndole mella. Fue nuestro libro de texto, lo que se suponía que lo que se llama destino nos deparaba: la esperanza quizá de que las demás también "dejáramos la vida en las tablas".

Lo que representaba Sara García, que hablaba con un deje del acento de España para marcar "distinción", o sea superioridad, era cero autonomía, proyectos inexistentes, un presente amenazado y eterno, servicio incansable, sexo impensable, atuendo casto y honesto a modo de vestuario escénico. Intensificación de la dependencia y el sometimiento. Y la sentencia del fuera de lugar como amenaza. Ese ideal era tan descabellado, que hasta sus propias heroínas se rebelaban (cf. Sara García como doña Rosario Fernández de Cervantes en ¿Por qué nací mujer?, 1968, dir. Rogelio A. González Jr., www.youtube.com/watch?v=CdOV9mkzSac).

Pero es cierto que esos no son más que algunos de los aspectos de las ficciones etarias que sostenemos con efectos que causan estragos. La "enfermedad moral", la "patología social" a las que se refería Sontag en su artículo "Las mujeres: un doble patrón para envejecer", en ese número de fem de 1982, no son exclusivas de la vejez; son parte necesaria de este sistema y nos tocan a todas/os.

Con más de siete millones de personas mal llamadas/os ninis (ni estudian, ni trabajan), dentro de los cuales no se cuentan a las mujeres que se dedican a "las tareas propias de su sexo", la juventud no parece ser esa edad dorada que vende la publicidad. El etarismo como el sexismo son una tomadura de pelo. ¿Qué no se suponía que eran las/os jóvenes quienes encarnaban a cabalidad los valores del capitalismo? Fuerza, vitalidad, aptitud para el trabajo, (re)productividad enaltecidos en detrimento de todo lo que pudiera perturbar —hasta en el imaginario— el avance "triunfante" y "promisorio" del "progreso". En aras de esos que se pregonan como valores por excelencia, que se asocian con la belleza y que se dice son el cimiento del "paraíso de libertades", se instituyen etarismos, o sea, discriminaciones en base a la edad, con las demás violencias concomitantes.

Sucede que desde los requerimientos de este sistema (los de beneficiar a los beneficiarios), la vejez es construida en contraposición a los valores humanistas y de cuidado. Así se constituye en el imaginario social a los/as viejos/as como una "carga". Las empresas se quieren deshacer de ellas/os con la ayuda del gobierno.

Vejez, mayoritariamente, es igual a pobreza. Y la vulnerabilidad es aún mayor si se es, además de vieja, india o transexual o atípica. Son mujeres mayoritariamente las que con los programas de pensión alimentaria para adultos mayores recibieron por primera vez en sus vidas un ingreso económico. En México carecemos de un sistema de seguridad social real, y las discapacidades son para la gran mayoría inhabilitantes. Las mujeres cuidan de las personas discapacitadas, ¿pero cuando ellas las sufren? Todavía es impensable la existencia de un Estado que garantice el cuidado de los seres vulnerables, entre ellos, ancianas y ancianos.

En este número sobre Viejas ustedes encontrarán una mirada dura pero también optimista. Nos felicitamos de la decidida participación de viejas y viejos en los movimientos democratizadores, como su lucha por el derecho a la pensión universal (www.congresojubilados.freeiz.com/), donde se constituyen en vanguardia.

Disfrutamos de su creatividad: la puesta en juego de las propias fantasías en el seno de una colectividad. ¿O es un lujo que sólo puede darse una Bourgeois/e? Es cierto que la notable consagración de la artista de nuestra portada en el  mercado del arte fue posible por el ingreso al mainstream de cierto feminismo blanco que accedió apuestos importantes de promoción cultural. Sin embargo, su audacia es mérito propio.

Sylvia Navarrete, en desde el arte, hace una aguda y conocedora crítica de la obra y la figura de Louise Bourgeois que nos deja un sabor agridulce: ¿el entusiasmo que suscita la artista franconorteamericana no sería otra cara de nuestra ponderación de los valores asociados a la juventud? Tal vez lo que algunos califican como insolencia de esta bourgeoise es, en gran medida, su referencia constante, incluso cuando tenía ya más de 90 años, a la sexualidad: grupos copulando, senos, anos, penes erectos… Como se sabe, la sexualidad ha sido un tema vedado para todas/os aquellas/os que rebasan cierta edad. La Fillette que Louise ostenta en la fotografía, como órgano a proteger y/o a su servicio, tiene también el lugar de dildo, como apropiación no de un pene envidiado, sino de una panoplia distinta de ese órgano en los imaginarios (el dildo no es ningún consolador), tal como lo enarbolan algunas feministas y queer para producirnos placer: a nosotras mismas, a otros y a otras, sin importar la edad.

Empezamos con nuestras viejas, las cercanas a DEBATE, y en orden cronológico, para que Jean Franco, Chaneca Maldonado, Pilar Rius y Marta Acevedo nos compartieran su mirada sobre el envejecimiento. Así, con sus alegatos, marcamos la entrada a una vejez digna y placentera: "¡brujas, a las barricadas!", nos exhorta en las primeras páginas Jean Franco.

En reflexiones feministas sobre la vejez, Margaret Morganroth Gullette nos muestra cómo la diferencia por edad es otra de las "fronteras esencialistas" que puede utilizarse para dividir a la ciudadanía y a la fuerza de trabajo y con ello dificultar la existencia de coaliciones políticas. Martha B. Holstein, por su parte, reclama que se excluya a las viejas de las agendas del feminismo norteamericano y da cuenta de las fuertes presiones a las que se somete a los cuerpos de las mujeres anglosajonas en la vejez. Anna Freixas, Bárbara Luque y Amalia Reyna Jiménez elaboran una importante reflexión sobre la sexualidad de las mujeres mayores y señalan que esta realidad, fundamentalmente política e interpersonal, es ignorada por el modelo médico vigente.

Padres y madres viejos inicia con el relato de Hortensia Moreno sobre lo que le ha supuesto el acompañamiento a su madre en la vejez. Fátima Fernández Christlieb hace lo propio con sus padres y entreteje lo que esto le sugiere con planteamientos de Norbert Elias. Beatriz García Peralta Nieto nos narra las tribulaciones que se viven como hija al debatirse con lo que implica el cuidado de la madre anciana.

Liliana Giraldo abre las reflexiones sobre La vejez en México analizando el maltrato en esta etapa de la vida como la continuidad de los maltratos anteriores por parte de cónyuges, hijos, nietos: ella señala la falta de políticas públicas que atiendan la situación. María Fernanda Guerrero Zavala y Gabriela Pineda Hernández comparan desde la perspectiva antropológica casos de mujeres viejas en la ciudad de México y en el ámbito rural de Veracruz.

Braulio Vásquez García nos habla de los conceptos de vejez y muerte en la cultura ayuujk (mixe) de la que forma parte (posicionamiento onto-epistémico que antes no tenía cabida); de la figura esencial que constituyen los ancianos desde el punto de vista comunitario y de la importancia que siguen teniendo para la resistencia de los pueblos originarios.

En desde la calle Lucía Melgar hace una descarnada crónica del día a día en la ciudad de México y de la violencia, no sólo simbólica, que significa para todos su inequidad social.

En desde la violencia Rocío Silva Santisteban hace un análisis desde el feminismo y la teoría de la subalternidad del caso de Giorgina Gamboa, presentado ante la Corte peruana. Con este caso, que ejemplifica el uso de la violación con fines de represión política y de la imposición de maternidad, Rocío Silva ofrece una perspectiva conceptual sobre el testimonio, que vincula el horror con el posterior ejercicio de ciudadanía.

En memoria, Beatriz Alejandra Piña Castro se remite a la antigüedad clásica occidental para profundizar sobre la conformación de la figura de la viuda como mujer casta, entre el dogma y la necesidad comunitaria.

Tres reseñas conforman esta vez nuestra sección lecturas: la de Dora Cardaci sobre Age Matters. Realigning Thinking, una antología editada por Toni Calasanti y Kathleen Slevin que subraya la importancia que deberían revestir las reflexiones sobre la vejez para la teoría feminista. La que escribe estas páginas se ocupa del ensayo sobre la vejez escrito por Simone de Beauvoir; de los aciertos y desatinos de un texto que, sin embargo, sigue siendo una herramienta útil para el análisis desde un punto de vista social. Josefina Mac Gregor hace la crítica de Se llamaba Elena Arizmendi, el libro de Gabriela Cano sobre una de las feministas olvidadas de principios del siglo XX en México, mujer que rompió con muchos usos y costumbres de la época.

No podía faltar el argüende impulsado por Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, con el brevísimo, pero agudísimo, texto de Jesu y la conmovedora canción de Lili, pues todas somos… un montón de tierra.

Finalmente, registramos el buen rato que pasamos leyendo lo que nos llega desde el correo electrónico: un chiste sobre el cumpleaños de Julietita del que les queríamos hablar, pero se nos olvidó de qué trata, y, cerramos haciendo gala de tolerancia con una carta de apoyo al reconocimiento del matrimonio entre católicos, aunque nos parezcan gente rara.

Por último, no quisiera cerrar este que es mi primer editorial en DEBATE FEMINISTA sin dejar de mencionar el equívoco de las confrontaciones por motivos de edad, que alcanza hasta los llamados espacios democráticos. En el reciente Encuentro Nacional Feminista celebrado en Zacatecas, México, escuché a una joven decirle a una feminista de pelo blanco: "ustedes ya ni deberían venir". Esto reforzó una pregunta que me ronda la cabeza después de trabajar en este número: ¿qué condiciones sociales se requieren para que puedan darse distintas vejeces posibles que no se vivan en la calamidad, ni en la discriminación? Esperamos sus propuestas.

DMLV

Comité Editorial

Marta Acevedo
Marisa Belausteguigoitia
Gabriela Cano
Dora Cardaci
Mary Goldsmith
Nattie Golubov
Lucero González
Sandra Lorenzano
María Consuelo Mejía
Lucía Melgar
Araceli Mingo
Hortensia Moreno
Cecilia Olivares
Mabel Piccini
María Teresa Priego
Raquel Serur
Estela Suárez