Sexo y violencia

Sexo y violencia Book Cover Sexo y violencia
Varios
octubre 2002

Editorial

La violencia, ya sea explosiva, ya sea velada, está presente en nuestras vidas de todos los días. Aunque tenemos que reconocer que lo ha estado siempre, hoy cobra una relevancia notable porque varios discursos filosóficos y políticos la denuncian y analizan con una fuerza inédita. Ya en el número pasado abordamos la guerra y otras expresiones públicas de la agresión humana. En esta entrega ofrecemos algunas reflexiones novedosas sobre uno de los más analizados y vigentes asuntos del feminismo: la violencia doméstica y la violación sexual.

El primer bloque comienza con un polémico artículo de Inés Hercovich acerca del abismo existente entre las feministas “profesionales” y las mujeres a las que se supone representan. Hercovich analiza la situación argentina a propósito del nuevo capítulo del Código Penal sobre “Delitos contra la integridad sexual”, y alega que, buscando un instrumento legal que protegiera más ampliamente a las mujeres, las “feministas legalistas” elaboraron una ley que no toma en cuenta las verdaderas circunstancias de las vidas de las mujeres. También desde Argentina, Haydeé Birgin presenta los resultados de una investigación que indagó acerca de la percepción que sobre la ley de violencia familiar tienen las personas que denuncian agresiones intrafamiliares. Una serie de testimonios, todos de mujeres, deja ver que una ley no es suficiente; su eficacia, concluye Birgin, depende, en gran medida, de la acción del estado en materia social. Estos dos ensayos se complementan y ofrecen a las miradas latinoamericanas suficientes elementos para repensar nuestra práctica.

El tema de la violación sexual, llamada ahora “violencia de género”, es abordada de manera novedosa por Sharon Marcus. Hace algunos años Adolfo Sánchez Vázquez señaló, al hablar de la violencia en general, que las reflexiones sobre el tema “no se han dado con la frecuencia ni con la atención especial que exigirían” su magnitud, extensión y persistencia. Al parecer, esto es lo que ocurre con la violencia de género y Marcus, con una lógica distinta, cuestiona que las mujeres debamos aceptar la violación con resignación, como si se tratara de un hecho más de nuestras vidas. La prevención, un aspecto fundamental de este problema, apela a lo que podríamos llamar un “cambio de paradigma” necesario para poder mirar los hechos desde ángulos nuevos. Su teoría resulta muy convincente, excepto por la ausencia de un análisis sobre las violaciones en que hay más de un atacante; en la violación tumultuaria el número adquiere un peso que ella no analiza.

La violencia velada o directa, simbólica o física, parte no sólo de las desigualdades de poder entre los sexos, sino también de aspectos definitivos, como la identidad sexual, la edad, la pertenencia a una clase y el origen racial y/o étnico. Por eso este ladrillo de Sexo y violencia también incluye otro aspecto crucial de la violencia respecto de la sexualidad. Carlos Monsiváis hace entrega de la segunda parte de su “arqueología” sobre los gays en México (la primera apareció en el número 24, de octubre pasado). Con su acostumbrada erudición y su característica lucidez, presenta un panorama de la vida y vicisitudes de los gays en el México de la primera mitad del siglo pasado.

Como Monsiváis nos anunció que no será sino hasta su tercera entrega cuando toque el tema de las lesbianas, mientras tanto ofrecemos un interesante ensayo de Shane Phelan donde explora el concepto de mestizaje como punto de partida para una identidad abierta a las contradicciones y las ambigüedades en las lesbianas, pero no sólo en ellas.

La identidad está presente como trama de este número, por lo cual resulta muy afín la selección que Hebe Rossell y Mónica Mansour hicieron de la poesía de Olga Orozco.

María Luisa Tarrés continúa su ya conocido esfuerzo por reflexionar e interpretar la realidad política latinoamericana desde una perspectiva feminista. En las últimas décadas, el pensamiento feminista latinoamericano ha dado a luz novedosas propuestas que ella recoge y celebra. Tarrés extraña, sin embargo, la creatividad y la teorización en los últimos años, a la vez que nos alerta sobre la complacencia en la que parece haberse instalado el movimiento a partir de la Conferencia de Beijing.

En “desde la literatura” Margo Glantz nos ofrece un relato de su último libro: “el cuerpo y el alma” de una mujer que podría ser una de nosotras y su temor-extrañamiento ante la tecnología médica, la enfermedad y la muerte. Su escritura resuena de forma poderosa con nuestra experiencia.

El trabajo antropológico de María Eugenia D’Aubeterre revela cómo un utensilio que según nosotras únicamente servía para moler el grano del maíz —el metate— es un instrumento simbólico, cargado de significados en una de las relaciones más complejas (y violentas) entre mujeres: la que se da entre suegras y nueras.

En “desde la mirada”, Lucero González realiza una transgresión visual al colocar a mujeres en el ritual masculino del juego de pelota prehispánico. Las fotografías, tomadas de su libro Juego de pelota. Metáforas del cuerpo, son un ejemplo más de su voluntad por reformular la herencia indígena desde una perspectiva feminista.

En una presentación de su libro Contra la violencia eduquemos por la paz, Malú Valenzuela argumenta que la convivencia pacífica depende en gran parte de los conocimientos y habilidades que poseemos para resolver los conflictos que, inevitables, contribuyen al crecimiento y enriquecen la textura de las relaciones entre las personas. Sylvia Schmelkes retoma varios hilos del debate sobre la paz y la violencia, siempre en referencia al libro de Valenzuela.

En “desde el diván”, la psicoanalista Regina Bayo-Borrás puntaliza el recorrido psíquico y los impactos provocados por la violencia al interior de la familia.

Luce Irigaray, en una entrevista realizada por María José García-Ocejo, reitera su defensa de las diferencias entre mujeres y hombres, y las ubica en el amplio horizonte de la frágil democracia.

Nuestra sección de lecturas cuenta con las reseñas de Raquel Serur sobre La violencia estremecedora (Disgrace) de J. M. Coetzee y de Sandra Lorenzano sobre el Ficcionario de psicoanálisis de Néstor Braunstein.

El debate sobre el origen innato o aprendido de la agresividad destructiva en el ser humano seguramente no terminará nunca. En todo caso, ya sea que se acoja una hipótesis o la otra, lo que sí puede afirmarse con certeza es que el hombre ha sido persistente en su lucha por la destrucción, como nos lo recuerda Jesusa en su “Big Mother. El gran desmadre”.

Liliana Felipe cierra, as always, con una de sus maravillosas canciones, ésta vez alusiva a la larga vida que se desea a las mujeres.

CO

Comité Editorial

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Marisa Belausteguigoitia
Gabriela Cano
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Mary Goldsmith
Lucero González
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María Teresa Priego
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Estela Suárez
María Luisa Tarrés