¿Género?

¿Género? Book Cover ¿Género?
Varios
octubre 1999

Editorial

¿Qué han significado estos veinte números? Sólo puedo decirlo de manera parcial. Creo que si algo hemos hecho en estos diez años, ha sido mostrar una limitada variedad de expresiones de un debate parcial e incompleto, pero vital y necesario. Resultado del trabajo de un grupo de insensatas empeñadas en difundir, celebrar y cuestionar los destellos del pensamiento feminista nacional e internacional, "el ladrillo" como amorosamente le puso Hortensia Moreno, ha logrado colocarse en ámbitos políticos y culturales, a pesar de no pertenecer a ninguna institución (ni de la academia ni de la política), de no contar con financiamientos de la cooperación internacional o de las fundaciones, y con un formato difícil de aceptar por los libreros: ya que es "revista" ¡sólo quieren exponer el último número! Sin embargo, pese a esos y otros obstáculos, "el ladrillo" se ha vuelto una referencia intelectual indudable, al mismo tiempo que persiste en su condición de causa perdida.

Tal vez lo más desconocido de debate feminista sea la inmensa ratificación que otorga su hechura. Quienes me acompañan desde hace una década en esta aventura, en especial las integrantes del Comité editorial, reiteran constantemente el placer que les causa su lectura y la sorpresa que ocasiona revisar números atrasados que sostienen su vigencia. Más allá del asombro que suscita la manera en que armamos cada número, con una combinación aleatoria de azar y planeación, lo que domina las sesiones de trabajo del Comité Editorial es un gusto enorme por buscar resonancias a los ensayos propuestos, por ofrecer una mirada inédita, por completar una discusión con otro texto, por compartir una pasión (si decidiéramos cambiarle el título yo propondría "el ladrillo de las pasiones").

A lo largo de estos diez años debate se ha convertido, entre otras cosas, en un logro político del feminismo: de la calidad de la publicación se infiere la solidez del movimiento. El conjunto de temas tratados, y vale la pena echar ojo al índice de los diez años preparado por Martha Juárez (viene en una edición aparte), permite atisbar un posicionamiento marcado por preocupaciones sobre la cultura y la política que caracterizan los debates contemporáneos sobre modernidad y postmodernidad. Al igual que otras propuestas de una izquierda moderna, debate asume el compromiso de revisar la construcción del sujeto y de repensar el encuentro teórico entre marxismo y psicoanálisis en el terreno de la sexuación y del género. El peso indiscutible que le da al trabajo de crítica cultural y el énfasis en traducir ensayos de diversas partes del mundo han hecho de nuestro "ladrillo" una singular piedra de toque.

Por ello debate feminista se ha convertido en la referencia obligada del feminismo latinoamericano. Sin embargo, pese a este éxito, somos conscientes de una paradoja: en una publicación mexicana aparece muy poco de lo que se hace en México. La insatisfacción por no seguirle mejor la pista a nuestra producción crítico-cultural local está presente cada vez que armamos un número: materiales de otras partes inundan la mesa (tenemos pilas de textos no solicitados) y hay que rastrear, con nuestras particulares anteojeras, a las autoras y autores de nuestro país.

Hemos buscado hacer de la necesidad virtud: nuestros escasos recursos nos obligan a pedir el apoyo constante de personas que nos regalan su trabajo. Más que cualquiera, por el tiempo y la calidad de su entrega, se encuentra en primer lugar Hortensia Moreno. debate feminista le debe a Hortensia más de lo que puedo consignar hoy por escrito: dedicación, inteligencia, cuidado amoroso. Desde el primer número y de manera sostenida a lo largo de los otros diecinueve, ella ha sido la responsable del invisible trabajo de corrección de estilo (cuando les autores lo permiten) y de la fatigosa revisión de galeras. Hortensia ha dedicado generosamente su talento y oficio de escritora a la revista. Sin ella, el placer que causa la lectura de debate no sería lo que es.

Además de la labor gratuita, comprometida y gozosa del Comité Editorial y del sostén simbólico del Consejo Consultivo, quiero agradecer especialmente la colaboración de un intelectual y escritor mexicano que, desde el inicio, me ha respondido pacientemente a infinidad de consultas de todo tipo: Carlos Monsiváis. Por último, el trabajo del equipo de la oficina (Alina Barojas, María Perea, Elvira Bolaños, Laura Sosa, Patricia Ramos y Ana Rosa Solís) es el mecanismo oculto que traduce la energía de la constelación que se mueve en torno al "ladrillo" en galeras, anuncios y, al final, ejemplares. Ingrato y desconocido, este trabajo es el sustrato cotidiano que alimenta la aparición semestral de debate. Vaya también para ellas un reconocimiento especial.

Este ladrillo número veinte está dedicado al término que es la marca de agua del feminismo: el género. El cuestionamiento de sus implicaciones teóricas —integrado en un dossier amplio para cuya publicación conseguimos el permiso de la revista Signs— muestra no sólo la amplitud y vigencia del debate, sino también las filosas aristas de la competencia académica.

El conjunto de textos que componen la primera sección (¿género?) es un debate provocado por Mary Hawkesworth, quien reseña de manera detallada cuatro textos fundacionales para la conceptualización del género. Las respuestas a sus planteamientos críticos no sólo ofrecen una muestra del vigor que aún mantiene el concepto, sino que problematizan su comprensión en un ámbito discursivo extraordinariamente polémico y cargado de múltiples implicaciones no sólo teóricas, sino también personales y políticas. Dentro de la misma sección, mi artículo intenta aportar otra dimensión al debate al señalar la pertinencia de la distinción entre diferencia sexual y diferencias de sexo en la discusión sobre el género. La única conclusión posible después de esta intrincada sección es que el feminismo, como pensamiento en pleno movimiento, requiere ampliar el horizonte de sus indagaciones y debates.

El siguiente apartado (y más género) recoge las preguntas del trabajo historiográfico —una veta que el feminismo ha cultivado con pasión—; y arqueológico, y revela cómo las preguntas acerca del pasado adquieren significación en perspectiva, desde el presente. Los trabajos de Sorensen y Ramos muestran la relevancia del arduo trabajo metodológico que se empeña en dilucidar cómo deben interpretarse los datos que nos entrega la historia respecto de las diferencias de género. La reflexión filológica de Martha Elena Venier ofrece un lado irónico al debate.

Nuestra sección desde la crítica produce una resonancia con estos dos textos, porque nos enfrenta a preguntas acerca de la verdad presentada como asunto de la historia. ¿Quiénes escriben la historia? ¿Es posible producir una historia imparcial, completamente indiferente a los problemas sociales? ¿O toda la reflexión de la vida social está "contaminada" por nuestras posiciones, nuestras convicciones, nuestras esperanzas? Mary Louise Pratt y Kay Warren contestan a estas preguntas desde su propio compromiso histórico con el libro de Rigoberta Menchú, recientemente cuestionado desde una posición supuestamente neutra y pulcramente académica.

No necesariamente por fuera de la discusión sobre el género —pero desde un lugar distinto: la literatura— en este número publicamos dos cuentos zoofílicos. Por un lado, Hortensia Moreno se enreda en un cuento de licántropos y metamorfosis, entre la parodia y el terror. Por el otro, María Teresa Priego usa a la mejor amiga de los seres humanos para hablar de algunas de sus nostalgias y desarraigos.

Para el número veinte de nuestra querida revista habíamos planeado una gran celebración; de hecho, queríamos que la propia factura del número se convirtiera en una fiesta, para lo cual propusimos invitar a mucha gente para que discutiera sobre los diversos temas que el feminismo convoca: política, cultura, literatura, arte. Tal vez los tiempos no estén para celebrar, el caso es que solamente está lista la mesa que coordinó Sandra Lorenzano sobre literatura. En ella, por cierto, nos critica Mónica Mansour por haber excluido a la poesía de nuestras páginas. Hemos prometido incluir poemas si ella se encarga de esa sección de aquí en adelante.

De todas formas, con este número empezamos a rectificar la ausencia de poesía: publicamos un poema de Anna Ajmatova junto con el portafolio fotográfico de Lucero González, que esta vez nos entrega una interpretación muy particular (enigmática y poética) sobre el fin de siglo.

Este año se cumplió medio siglo de la aparición de El segundo sexo de Simone de Beauvoir. Para festejarla, organizamos junto con La Casa de Francia en México una mesa redonda. Participaron Margo Glantz, Hugo Hiriart, Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis. Los textos de los tres primeros fueron publicados en la prensa cotidiana, por lo que sólo reproducimos la ponencia de Monsiváis, con su característica lucidez política y su prosa inigualable.

Guy Rozat nos trajo una reseña muy amplia acerca de la sexualidad de los jóvenes en Francia. ¿De qué manera se enfrentan las nuevas generaciones a la amenaza del sida? ¿Han cambiado las costumbres sexuales en las últimas décadas? El trabajo resulta muy interesante porque nos conduce a pensar acerca de las innovaciones educativas y sociales que debemos incluir para enfrentarnos a esta peste sin renunciar a las propuestas de libertad en el goce de nuestros cuerpos que habíamos conseguido ganar hasta la fecha.

Ya hacia las últimas páginas, incluimos nuestra infaltable sección sobre psicoanálisis con una reflexión de Marcelo Pasternac sobre Foucault —y otros autores. En la sección de denuncia, María Teresa Priego presenta el libro de Víctor Ronquillo sobre los asesinatos que se han perpetrado contra mujeres en Ciudad Juárez. Nos llama la atención sobre la naturaleza misógina y clasista tanto de los crímenes como de la (ausencia de) aplicación de la justicia.

El conflicto en Chiapas no sólo no se resuelve sino que alcanza momentos de farsa política que, si no tuvieran consecuencias terroríficas, serían motivo de risa. Tal es el caso de la reciente declaración del señor Roberto Albores, gobernador no electo de Chiapas, en contra de la actriz y activista de derechos humanos Ofelia Medina, de quien Sara Sefchovich hace una defensa cerrada.

Cerramos con nuestra sección de lecturas con colaboraciones de Velia Cecilia Bobes, Carlos Martínez Assad, Sandra Lorenzano y Mónica Mansour. Y con nuestro infalible e inefable argüende donde, esta vez, la reconocidísima Jesusa Rodríguez establece los parámetros fundamentales para que todos los géneros ingresen al nuevo milenio con un atuendo adecuado. Liliana Felipe, como lo ha hecho a lo largo de estos diez años, vuelve a regalarnos una canción aunque muchas preferiríamos escucharla cantar con su voz entrañable.

ML

Fe de erratas

Veinte números de debate feminista deben de ser alrededor de 15 000 cuartillas de textos que hemos convertido, desde su propuesta en mecanuscritos e impresiones, faxes, correos electrónicos, transcripciones, escaneos y toda clase de escrituras imaginables en la era de la informática, en revistas tamaño ladrillo.

Esa conversión ha implicado un trabajo que, visto en perspectiva, resulta francamente inimaginable. La corrección de originales, formación de planas, lectura de pruebas y preparación del paquete para la imprenta entrañan una labor ardua que se identifica con muchas de las labores humanas que el feminismo ha clasificado como "invisibles": el trabajo invisible es ese que sólo se nota cuando es deficiente, incompleto, cuando está mal hecho.

Cuando el trabajo "invisible" está bien hecho, no se nota: se parece tanto a la armonía, al "orden natural de las cosas", que pasa completamente inadvertido. En cambio, cuando se nos pasa una errata, cuando no vemos una falta de ortografía, cuando se nos barre una ficha bibliográfica, el error salta y entorpece la lectura.

Durante diez años de intenso trabajo, nos ha pasado todo: desde la pérdida de cornisas hasta el empastelamiento de textos, desde la aparición misteriosa de algo que nosotras no habíamos puesto ahí hasta la no menos misteriosa desaparición de cosas que sí habíamos puesto.

Desde la transcripción errónea hasta la repetición, pasando por toda clase de erratas y errores. Por supuesto, todo esto es simplemente humano, pero no está de más solicitar una disculpa desde estas páginas y reiterar nuestra voluntad de que debate feminista siga fluyendo en una tipografía correcta, legible y útil, además de subversiva e inquietante.

HM

 

Comité Editorial

ENID ÁLVAREZ
GABRIELA CANO
MARY GOLDSMITH
LUCERO GONZÁLEZ
MARTA LAMAS
ANA LUISA LIGUORI
SANDRA LORENZANO
ALICIA MARTÍNEZ
MARÍA CONSUELO MEJÍA
ARACELI MINGO
HORTENSIA MORENO
MABEL PICCINI
RAQUEL SERUR
ESTELA SUÁREZ
MARÍA LUISA TARRÉS
JESUSA RODRÍGUEZ
ISABEL VERICAT