Familia/trabajo

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Varios
abril 2005

Editorial

debate feminista inicia su décimosexto año con un espíritu de renovación: queremos reflexionar más puntualmente sobre lo que ocurre política y culturalmente en México, en América Latina y en el mundo, para lo cual nos proponemos introducir temas de actualidad. Cumplir quince años nos hace sentir mayores, y muy en consonancia con esta madurez hemos elegido para este número un tema que nos parece fundamental: la conciliación familia/trabajo. María Jesús Izquierdo lo dice con meridiana claridad: el tema de la conciliación entre el trabajo y la familia es el tema de la conciliación de las mujeres y los hombres, y si no logramos conciliar vida familiar con vida laboral/pública, tampoco se van a conciliar los hombres con las mujeres. Trivializar el trabajo de cuidado humano y el trabajo doméstico sigue siendo una manera de evadir uno de los conflictos básicos entre los sexos, pues tal vez el mayor desequilibrio entre ellos es que a las mujeres no se les paga por el trabajo de cuidado humano que realizan, ya que éste se considera un “trabajo de amor”. Ese desequilibrio hace rebotar las relaciones entre mujeres y hombres y tiene altos costos para todas las personas.

La posibilidad de conciliar el trabajo y la familia ya se reconoce como un grave problema: las personas trabajan horarios larguísimos y no tienen tiempo para hacerse cargo de manera satisfactoria de los integrantes vulnerables de la familia: niños, ancianos, enfermos y discapacitados. Cientos de investigaciones describen cómo esta forma de trabajo alienado, exigente y sin contemplaciones para las necesidades del desarrollo personal y del cuidado familiar, afecta tanto a las mujeres como a los hombres. A pesar de que ha habido importantes cambios en la naturaleza del propio trabajo, las políticas laborales han cambiado poco y se sigue diseñando el mundo del trabajo y las expectativas sobre los horarios como si siempre (hasta cuando son las propias mujeres las que salen a trabajar) hubiera una esposa en casa.

Pero justamente la manera en que se logran integrar el trabajo y la vida familiar es central para la sostenibilidad ciudadana. Este equilibrio está vinculado a cuestiones fundamentales: expectativas de vida, valores, tradiciones: ¿qué vida queremos?, ¿qué lugar le queremos dar a las relaciones humanas?, ¿cómo imaginamos las formas de cuidado de niños, ancianos, enfermos y discapacitados? Con el tiempo, se ha ido comprendiendo que no abordar el tema con seriedad significa alentar un proceso de deshumanización que ya estamos sufriendo.

Frente al desafío que significa equilibrar desarrollo profesional y cuidado de la familia, tampoco a las feministas les resulta fácil pensar en alternativas dada la complejidad del panorama. De ahí la importancia que reviste analizar y debatir el tema de la conciliación familia/trabajo. En el fondo, se trata nada más y nada menos que de plantearnos cómo vamos a construir la sociedad que deseamos. En este número dos mesas redondas abren la discusión y varios ensayos la apuntalan.

Para la primera mesa redonda decidimos invitar a figuras que ocupan posiciones clave en este debate: Rosario Ortiz, integrante de la red de mujeres sindicalistas; María Reyes Córdova, funcionaria encargada del área de género de la Secretaría del Trabajo; Guillermo Miranda, representante de la Organización Internacional del Trabajo en México, y tres integrantes de debate feminista: Estela Suárez, economista especializada en trabajo femenino; Teresa Incháustegui, socióloga feminista especialista en políticas públicas; Olivia Gall, politóloga que coordina un proyecto sobre liderazgo femenino. Rolando Cordera que, además de un amigo simpatizante de nuestras causas es el coordinador del Seminario de la Cuestión Social, fue nuestro anfitrión en la Facultad de Economía de la UNAM. La sesión sentó el marco de la discusión y logró establecer las líneas por las cuales hay que profundizar. Sin embargo, el debate, a pesar de que fue jugoso, se quedó corto, por lo cual decidimos hacer una segunda mesa para abordar cuestiones que apenas se habían rozado. Esta vez hubo sólo cuatro feministas, con lo cual se dio una mayor confrontación entre posiciones: Rebeca Grynspan, María Jesús Izquierdo, Ana Sojo y Estela Suárez.

La mesa discutió a partir de algunas propuestas provocativas de María Jesús Izquierdo: entender que el cuidado (nutrir, proveer y defender) va implícito en la condición humana, que todas las personas hemos sido cuidadas de infantes, debemos cuidar de adultas y vamos a necesitar ser cuidadas cuando enfermemos y cuando seamos viejas. También se habló de la flexibilización laboral y de la falta de seguridad social de la que ha ido acompañada. Aquí salieron a relucir las profundas diferencias entre el mundo del trabajo en España y la situación en América Latina. También se inició un álgido debate sobre si el trabajo infantil debería estar prohibido o no. Resulta interesante contrastar el tono de las dos mesas redondas.

Siguiendo con el tema, Teresa Incháustegui nos hace ver la complejidad de la situación actual de las mujeres en el mercado laboral a partir de los procesos de reformas económicas y de liberalización comercial. Las dimensiones de este panorama son múltiples y todavía faltan muchas por cartografiar. Así, por ejemplo, el hecho de que el número de empresarias haya aumentado en todo el mundo en la última década se explica porque muchas mujeres deciden abrir sus propios negocios, ya que se topan con obstáculos para crecer en las empresas en que han trabajado. Pero ¿cómo se explica el hecho de que las empresarias sigan ganando menos que los hombres o que mientras mayor es el nivel educativo sea mayor la brecha salarial entre mujeres y hombres? Inchaústegui interpreta estos fenómenos como efectos de la reestructuración económica en el trabajo femenino.

Muy en línea con lo discutido, el asunto de las madres que trabajan sostiene su relevancia, desafortunadamente actual. Por ello reproducimos, con el amable permiso de Jaime Labastida de Editorial Siglo XXI, un extracto de un libro que va al corazón del tema: la culpa de las madres que trabajan. En su análisis, Sylviane Giampino sostiene que en el mundo de las madres que trabajan, “la carencia” está por todos lados y se introduce en todos los intersticios que la culpabilidad no ha llenado. La falta, la sobrecompensación, el sufrimiento causado por la culpa, la manera en que ésta influye en las relaciones con los hijos y con la pareja y otros aspectos se examinan en un tour de force sobre el tema tal y como se vive en Francia, y eso que allá hay un sistema escolar y de guarderías casi modelo.

Mercedes Zúñiga aborda el otro gran tema del género: la invisibilización de la violencia en el ámbito laboral. A través de las percepciones de mujeres que trabajan en el sector de servicios y en la industria, Zúñiga muestra que para una gran cantidad de mujeres la violencia sufrida, en muchas ocasiones no es reconocida como tal, excepto en el ámbito de las trabajadoras del hogar, y se piensa y nombra como discriminación.

La violencia se ha borrado porque las mujeres deben acoplarse al ámbito del trabajo “marcado por la identidad masculina”, dice Zúñiga, y en ese ámbito, al parecer, la violencia —sobre todo la sexual— en contra de las mujeres está naturalizada.

Para acompañar visualmente este número presentamos el trabajo de Teresa Osorio, una joven fotógrafa que lleva varios años investigando acerca de las ocupaciones y los oficios tradicionalmente considerados como exclusivos de los varones. Lo interesante de su portafolio y de los breves testimonios que lo acompañan es la certeza de que las mujeres no ingresan a los trabajos “masculinos” como un desafío contra los valores establecidos, sino como una manera racional y meditada de mejorar sus vidas y las de sus familias; hay un orgullo implícito en la capacidad de afrontar la mirada externa que las reprueba o las juzga, porque las taxistas, bomberas, electricistas y boxeadoras no se sienten aludidas respecto de ninguna crítica por la “pérdida de su feminidad”; lo que se sienten es personas en pleno uso de sus capacidades. Por último, para cerrar nuestro dossier sobre el trabajo reproducimos, en la sección “documento”, la propuesta de reformas a la Ley General del Trabajo que el Grupo de trabajo sobre la normatividad laboral con perspectiva de género ha realizado para ser debatida en el Congreso.

En este número rendimos homenaje a dos escritoras cuya pérdida nos duele: Susan Sontag y María Luisa Puga. El 28 de diciembre de 2004 murió Sontag, una figura mítica de la crítica cultural y política. Su llegada a México a finales de 1971 y su conferencia en el Curso de Invierno de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM fueron un catalizador para que muchas mexicanas entráramos al movimiento feminista. Dos miradas sobre Sontag, una de Carlos Monsiváis y otra de Elaine Showalter, recorren aspectos de su vida y su obra, desde su peculiar infancia hasta sus últimos años, presentando el rico y complejo panorama de las tensiones entre su vida personal y su vocación intelectual. Por su parte, Sandra Lorenzano toma los escritos de Susan Sontag sobre la fotografía como pretexto para armar una reflexión crítica sobre las imágenes que nos muestran las atrocidades de las que es capaz el ser humano.

María Luisa Puga, escritora mexicana que nos dejó varias novelas y cuentos memorables, murió el 25 de diciembre de 2004. Para recordarla publicamos un fragmento de un texto autobiográfico en el que relata su estancia en Nairobi y en Oxford, así como el regreso a México, siempre en relación con su pasión por la escritura. Adriana Sandoval comparte sus recuerdos sobre la amiga y la escritora, así como los comentarios que publicó acerca del último libro de Puga: Diario del dolor.

Cumplir quince años, además de hacernos sentir “grandes”, nos hizo sentir “chicas”. Hubo gran revuelo. Propusimos diversas maneras de celebrarlo, desde una fiesta formidable con vestidos de quinceañeras y chambelanes, hasta un evento mayúsculo con mesas redondas, foros de debate y conferencias magistrales. La mayor parte de los proyectos se quedaron en el deseo, pero logramos llevar a la realidad algunos de ellos, con la generosa hospitalidad del Claustro de Sor Juana, de El Hábito y del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM. En el Claustro se montó una exposición de fotografías de Lucero González y Lorena Alcaraz, Mujeres mirando mujeres. El Hábito fue el escenario para la presentación de el número 30 de la revista y el debut de Las moscas muertas. Y entre las presentaciones para las mesas redondas que se realizaron en el PUEG, seleccionamos dos sobre el tema general del evento en que se discutió la posible relevancia de nuestra revista en el pensamiento de este país. Marisa Belausteguigoitia propone una lectura “desmembrada” de los treinta números de la revista, sus textos e imágenes, retomando lo que, desde su perspectiva, ha propuesto nuestra publicación: despojarse de la cubiertamembrana de un feminismo definido de una vez y para siempre. Por su parte, Lucía Melgar recupera el interrogante memorable de Juan Rulfo —”¿qué país es éste?”— y desde ese extrañamiento le propone a la revista continuar con los debates sobre las causas de la violencia, sobre el cuerpo, el género y su institucionalización.

En resonancia con el tema central de este número, Enid Álvarez analiza la última novela de Diamela Eltit, Mano de obra, en un movimiento que confronta la escritura con la explotación de la fuerza de trabajo. El supermercado como escenario de la economía hiperracional que domina, hoy en día, cuerpos, rebeldías, almas y deseos. En “desde el diván”, Danièle Levy nos ofrece una buena puesta al día de la reflexión lacaniana sobre el gran tema de la diferencia de los sexos. En “crónica”, Anne Bar Din denuncia las debilidades de nuestro sistema educativo con una aguda estampa del proceso de su empleada doméstica.

En la sección de “lecturas” tenemos cuatro reseñas que comienzan con la de Adriana González Mateos, quien reúne tres libros cuyo análisis entrelaza de manera muy productiva, Epistemology of the Closet, Sappho is Burning y Escrituras en contraste. A continuación y desde el ámbito de la sociología, la historia y la literatura, Maricruz Castro reseña la compilación de varias académicas francesas sobre las posibilidades, la pertinencia y la situación del género como categoría de análisis. Raquel Serur nos presenta Mujeres en el Holocausto, libro que recoge las vivencias de las mujeres judías durante los primeros años del nazismo y durante su reclusión en los campos de concentración. Para cerrar esta sección, Hortensia Moreno escribe sobre La ciencia y el sexo, y propone una reconciliación entre las feministas y los estudios científicos.

En “argüende”, Jesusa Rodríguez y Simone Victoria nos regalan un alucinante viaje por algunos países de América Latina que, diga lo que diga la Secretaría de Educación Pública, existieron y siguen ahí, al sur del norte. Y, para finalizar, la canción de Liliana Felipe, que lleva como título una frase de Álvaro Mutis, “Fallamos como especie”.

ML, HM y CO

Comité Editorial

Marta Acevedo
Enid Álvarez
Marisa Belausteguigoitia
Gabriela Cano
Dora Cardaci
Mary Goldsmith
Nattie Golubov
Lucero González
Marta Lamas
Sandra Lorenzano
María Consuelo Mejía
Araceli Mingo
Hortensia Moreno
Mabel Piccini
María Teresa Priego
Raquel Serur
Estela Suárez