emPLAZAdas. Nuevas formas de hacer política

emPLAZAdas. Nuevas formas de hacer política Book Cover emPLAZAdas. Nuevas formas de hacer política
Varios
octubre 2012

Editorial

Después de haber dedicado el número anterior de debate feminista a un análisis de la articulación entre la democracia, la ciudadanía y el género, abrimos nuestras páginas ahora a las y los indignados, a la toma de plazas, a la movilización popular en distintos países del mundo, con el fin de, como señalan Marisa Belausteguigoitia y Rian Lozano, las coordinadoras de este dossier, emplazar, convocar a nuestras lectoras y lectores a la reflexión sobre estas causas.

El dossier que da título a este número: "emplazadas. Nuevas formas de hacer política", abre con una breve introducción por ambas autoras: "Citar en el espacio público". En este ensayo las académicas feministas exploran el acto de citar en dos de sus acepciones, como una forma de hacer referencia a algo previo y como la acción de darse cita en un lugar. Desde 2011, se han gestado movimientos en muchas partes del mundo, en los cuales hombres y mujeres, jóvenes y viejos por igual, han desempeñado roles importantes. De Egipto a México, pasando por Túnez, Grecia, España, Inglaterra, Estados Unidos y Chile, los movimientos de indignación popular y la toma de plazas se vinculan entre sí a través de la referencialidad mutua, la cual nos obliga a pensarlos en el contexto global y no sólo como actos aislados de denuncia social de la "reducción de la humanidad". Nuestras coordinadoras dan prioridad a tres tensiones: el espacio y los sujetos políticos que los ocupan, el discurso y sus formas de enunciación, y el papel que desempeñan las mujeres en el espacio (plaza), su capacidad de resignificación como sujetos y como actuantes en la práctica revolucionaria contemporánea (así como las lecturas feministas que se han hecho de todo lo anterior).

El brevísimo fragmento tomado del capítulo "La promesa de una vida sin violencia", del reciente libro de Pedro Salazar Ugarte, da pie a una primera reflexión: el contraste entre la plaza y el espacio público que son seguros sin que sea evidente la presencia de los guardianes del Estado, y aquellos lugares en los que, para poder garantizar la seguridad, se requiere la presencia física de soldados, armas, tanquetas. En el contexto mexicano actual, se vuelve indispensable preguntarnos cuál es la función democrática que cumplen estos espacios y de qué forma queremos que, al transitarlos, se nos garantice la paz y la seguridad.

Por su parte, Josefina Saldaña retoma lo que Judith Butler denomina "la vulnerabilidad que todo ser humano comparte con el otro", que vincula a los sujetos políticos que surgen a partir de la toma de plazas en este momento histórico. Y estos nuevos sujetos políticos, en tanto que seres vulnerables, son inherentemente feministas, pues, como argumenta Saldaña, "[las mujeres] somos citadas para ser vulnerables desde el nacimiento". Reconoce que estos movimientos se han gestado en contextos tan distintos y por razones tan diversas que obligan a criticarlos también de formas diferentes, aunque la vulnerabilidad común y la citacionalidad derrideana (que carga con los dos sentidos ya mencionados) sean el eje de su perspectiva. Cada toma de plaza, ya sea de manera consciente o no, alude a todas las tomas anteriores. Sin embargo, no todos los espacios públicos que se toman tienen la misma carga connotativa; mientras en Latinoamérica también han sido históricamente políticos, en Estados Unidos son lugares de disciplina social, según argumenta Saldaña. Y es justo en este punto de significación en el que la toma de plazas actual se vincula con la necesidad de recuperación de las plazas de los narcos, entendidas como espacios excluyentes de poder y dominio.

No es coincidencia, entonces, que el ensayo de Marisa Belausteguigoitia comience con una cita de Javier Sicilia, reconocido poeta y padre de familia quien ha convocado a una gran movilización en favor de la paz después de perder a su hijo como consecuencia de la delincuencia. Su discurso paterno, fundamentado en el consuelo y la emotividad, contrasta con el que suelen desplegar las madres, como en el caso argentino, en términos de legitimidad verosimilitud. Hablando de vulnerabilidad común, lo que hace Sicilia es hacer suyo el dolor de los demás (recordando también a Susan Sontag), el de miles de familias con quienes comparte la pena y a quienes da voz. A partir de este conmovedor discurso incluyente, la autora se centra en el acto de emplazar, en su doble dimensión de tomar la palabra desde la plaza y como una forma de llamamiento.

Al hacer referencia a los emplazamientos y desplazamientos actuales en México, es fundamental hacer alusión a un movimiento que ha producido bastante conmoción en la conciencia colectiva: el #YoSoy132. Las coordinadoras incluyen aquí dos textos al respecto. El primero, de Xiloá Fernández Muñoz y Óscar Mondragón González, describe cómo surgió dicho movimiento en un ámbito estudiantil universitario privado y se extendió hacia muchos otros sectores de la sociedad. Su principal arma para influir en un voto informado, las redes sociales que abren espacios informativos alternativos al duopolio televisivo, es también una de sus mayores limitantes por la falta del alcance popular que las caracteriza. Sin embargo, el surgimiento del #132 en un proceso electoral cuestionado por el uso ilegal de recursos adquiere gran importancia, pues exhibe la existencia de una juventud mexicana politizada y participativa, que se contrapone a la imagen estereotipada de los ninis1 como jóvenes desinteresados y pasivos, o, en el peor de los casos, delincuentes. Está por verse qué pasará con el #YoSoy132 en el futuro, pero, como señalan Fernández y Mondragón, la esperanza que han despertado es, en sí misma, un logro.

A las coordinadoras no les bastaba con textos sobre el #YoSoy132, sino que se les volvió imperativo incluir las propias palabras de estos jóvenes. De ahí que reproduzcan un texto del colectivo leído durante la toma pacífica a Televisa el 27 de julio de este año. En él, se reafirma el carácter inclusivo de #YoSoy132, se denuncia abiertamente la mancuerna entre el duopolio televisivo y el Estado —con la consecuencia de la manipulación social a través de la desinformación—, se señala a los hombres que están detrás de estos poderes fácticos y se hace una elocuente invitación a la sociedad mexicana a adherirse al movimiento.

Tras abordar los casos mexicanos, Belausteguigoita y Lozano presentan un artículo muy interesante de Sherine Hafez, estudiosa del activismo femenino en Medio Oriente sobre la situación de las mujeres en Egipto tras la movilización social que derivó en la dimisión de Mubarak. "¿Dónde quedó el pacto? Mujeres, masculinidad y el levantamiento egipcio" da voz a estas mujeres a través de sus propios testimonios como parte de los movimientos de resistencia. Hafez señala, que tras la victoria obtenida a partir de la movilización, las mujeres en Egipto (y en otras sociedades islámicas) han vuelto a ser relegadas, silenciadas e ignoradas por quienes conforman los nuevos poderes políticos.

Después Belausteguigoitia y Lozano traen desde España las voces de los catalanes Santiago López Petit y Àngels Martínez Castells. En el primer texto, el filósofo López Petit hace una breve reflexión del paso de la impotencia —del "Esto es lo que hay"— a la indignación y el "¡Basta ya!" que fomenta la rebelión y la toma de la plaza. Una vez que se ha alcanzado este punto, es necesaria una estrategia de objetivos, la cual ofrece en su segundo texto: "Desbordar las plazas: una estrategia de objetivos". En quince puntos, López Petit celebra que el movimiento haya aprendido de a crear un nosotros distinto al tradicional, pero también critica las debilidades del mismo y propone estrategias para su continuación y evolución. López Petit verbaliza un cuestionamiento que tal vez para muchas personas está en el aire, pero cuya respuesta tememos: "El problema no es si abandonamos la plaza o no. El problema es si nos atrevemos a pasar de indignados a revolucionarios". ¿De qué forma debe renovarse el movimiento para mantenerse vigente y eficaz? ¿Cómo se hace la revolución en estos tiempos? ¿De qué manera se combate la corrupción de los sistemas políticos y económicos? ¿Cómo desbordamos las plazas e infiltramos la sociedad?

Martínez Castells, por su parte, relata la historia de su amiga Emília, de origen portugués, quien en una visita a España para ver a su hija desempleada se une a los indignados de la Plaza Catalunya ostentando un clavel en el pecho. La conmovedora historia de Emília, a ratos dramática y por momentos muy alegre, es motivo de reflexión para la autora, quien vincula el 15-M con luchas históricas previas.

Asimismo, las coordinadoras incluyen un texto de Judith Butler, titulado "La alianza de los cuerpos y la política de la calle", en el cual la autora reflexiona sobre la importancia del cuerpo como presencia en el espacio público y como discurso de manifestación. Pero ¿qué pasa con quienes no acuden corporalmente a la protesta? Butler argumenta que también hay que considerar como parte del movimiento a aquellas personas que no están de cuerpo presente, como los migrantes o los obreros, o incluso por diferencias corporales, como algún tipo de discapacidad, pues también son parte de la población inconforme con políticas públicas que les afectan directamente.

Belausteguigoitia y Lozano acompañan a este dossier con una tríada poética, prácticamente haikus, de la pluma del activista estadounidense Jed Brandt. Más allá del valor literario que pueda atribuírseles, unos cuantos versos de El Cairo a Oakland expresan ideas sobre la revolución. Asimismo, incluyen dos ilustraciones y un cómic que traen a la mente, por medio de la imagen visual, aspectos inherentes a estos movimientos de indignados: por un lado, la importancia del internet y las redes sociales como medios de comunicación alternativos y libres; por otro, la transmisión de información en el espacio público, a través del establecimiento de carpas, puntos de encuentro y de difusión, además de lugares de hospedaje. El cómic mencionado, "Tik tak", del dibujante Ximo Abadía, transmite la indignación con una caricatura de muñecos a los que se les da cuerda. Así, en este dossier especial, se muestra cómo la corrupción, la desigualdad y la falta de oportunidades han llevado a millones de personas a una liberación ideológica, esperanzadora.

La lectura de este rico dossier me llevó a recordar una imagen que espero evoque más de lo que puedo expresar con palabras. En el blog de "The Kasama Project", un proyecto con tintes abiertamente comunistas que surgió en Estados Unidos y que busca la profundización en causas revolucionarias críticas, encontré una fotografía que despierta la indignación inmediata de casi cualquiera: sobre una banqueta en Wall Street, caminan sonrientes un grupo de policías, hombres y mujeres, con las manos en el cinturón. Están pasando justo frente a las puertas de una institución bancaria. A la derecha, un anuncio de grandes dimensiones de una empresa de seguridad privada ostenta esta frase (en inglés): "No somos para todos. Solo para el 1% que importa". En una sola imagen está contenida casi toda representación de lo que detonó uno de los movimientos sociales más significativos de nuestros tiempos: Occupy Wall Street (OWS) y que sin duda, es también una respuesta muy agresiva al 99% manifestante.

OWS no es la primera ni la última, ni tampoco la más representativa, de las manifestaciones de indignados que se han gestado últimamente en muchos lugares del mundo. Sin embargo, el testimonio anónimo de una universitaria refleja mi situación personal:

Tengo 24 años y soy licenciada en letras inglesas. Tras haber trabajado durante cinco años para mejorar mi situación, actualmente trabajo entre 40 y 50 horas a la semana, y gano apenas un poco más que cuando salí de la preparatoria, hace 6 años. Tengo dos trabajos y no me alcanza para salirme de casa de mis padres, ni siquiera con compañeros de piso. Además, le debo a la universidad más de 33 000 dólares (y apenas si puedo pagar los intereses). No logro hallar un trabajo de tiempo completo por falta de experiencia, y nadie quiere contratarme para que la adquiera. Me siento atrapada. Para mi generación, el sueño americano se ha extinguido. ¡¡Soy 99%!!2

Parto de la identificación personal con su autora, no sólo por la filiación profesional, sino también porque, a nivel laboral, comparto la experiencia de tener (y necesitar) al menos dos trabajos fijos que me permiten sostenerme como joven soltera. Recientemente me independicé y comparto el espacio doméstico con compañeras con las que divido los gastos. Yo tengo 28, salí de la carrera hace cinco y además de que estudié en una universidad pública y no tengo que pagar nada, he sido afortunada al obtener trabajos sin que se me exijan años de experiencia, Ahora bien, esta identificación adquiere mayor fuerza (a pesar de encontrarnos en distintas latitudes) si nos situamos públicamente en el contexto de la actual propuesta de reforma laboral en México, la cual hará que las condiciones de los trabajadores sean cada vez más precarias. En este punto, me detengo a extender la invitación a nuestras lectoras y lectores a participar en un proyecto de protesta contra dicha reforma, promovido por Paola Gabriela Ortega Garay, del Programa Universitario de Estudios de Género, en el que se busca recopilar testimonios sobre las deficiencias e injusticias en las condiciones de trabajo de distintas personas. Basta con escribir media cuartilla (e incluir la edad) y mandarla a reformalaboral2013@gmail.com, para que se haga un lienzo con estas historias privadas y se expongan en distintas plazas públicas.

Pero regresando al tema, en diciembre de 2011, La Jornada publicó un suplemento especial (muy recomendable) llamado "Los indignados", con breves textos sobre los recientes movimientos sociales en Chile, Colombia, Egipto, España, Estados Unidos, Grecia, Italia, Marruecos, México y Túnez, que puede consultarse en el sitio http://indignados.jornada.com.mx. y que se actualiza permanentemente; y como este número de debate feminista tiene la clara intención de aportar a esta discusión publicamos fuera del dossier, pero relativos al debate político, en torno a ese tema, dos textos que aportan cuestionamientos polémicos. Todd May se pregunta si puede existir una política democrática en nuestros tiempos y establece la diferencia entre dos tipos de cambios revolucionarios: el cualitativo y el cuantitativo. El primero plantea que si se cambia un punto clave del orden actual, los demás se modificarán en consecuencia; el segundo, plantea que la lucha debe desplegarse desde diversos frentes, dada la complejidad de las sociedades, sus Estados y los sistemas políticos y económicos. May recomienda hacer hincapié en los movimientos que surgen de la lucha contra objetivos locales, desde lo personal incluso, más que aquellos que se enfocan contra políticas generales y distingue a sus protagonistas de los revolucionarios que persiguen una utopía. Parece que el autor deslinda la revolución de los movimientos sociales de menor escala, pero más asibles.

Por otra parte, Benjamín Arditi critica a Slavoj Žižek por su pesimismo frente a las insurrecciones en Egipto y España, ya que el propio Žižek ha sido un defensor de las así llamadas causas perdidas. La importancia de las insurgencias, argumenta Arditi, es que buscan "perturbar el statu quo, mientras que los programas buscan gobernarlo". ¿Acaso las insurgencias deben tener necesariamente un plan a futuro? Si pasan de ser insurrecciones a volverse parte de los programas que en inicio combatían, ¿pueden considerarse un éxito? Si, por el contrario, se difuminan con el paso del tiempo, ¿deben pensarse entonces como un fracaso? Arditi concluye que, independientemente del rumbo que tomen en el futuro, tengan o no un plan, las insurgencias mismas, sus remanentes y las enseñanzas que de ellas puedan extraerse, son aportaciones valiosas en sí mismas.

En la sección desde la ley, José Ramón Cossío plantea que la forma de implementar una auténtica equidad de género requiere una reformulación del orden jurídico. Es necesario inocular en las bases, "como un virus", los contenidos que se buscan reproducir, para que puedan extenderse y la equidad de género se convierta en derecho fundamental y no sólo en una parte de ciertas políticas públicas en las que, además, con frecuencia, suele estar malentendido. Este proceso requeriría partir de casos de relevancia social y plausibilidad jurídica que permitan ir llevando a través de las distintas instancias (los tribunales y los órganos judiciales superiores) la idea de que la igualdad material y la no discriminación se desprenden de la constitución, de modo que a la larga se conformen como norma. Muy alentador que un Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación reflexione sobre esta problemática.

Desde Chile, Diamela Eltit escribe sobre Camila Vallejo, líder estudiantil que se ha consolidado como una figura emblemática en la historia de Chile y de Latinoamérica. Su liderazgo como mujer joven y estudiante, pero también como ciudadana de un país que no hace tanto vivió una terrible dictadura que azotó cruelmente a los movimientos sociales, es un rayo de esperanza para muchas de nosotras.

Por su parte, María José García Oramas nos comparte una entrevista que le realizó a la feminista española Amelia Valcárcel en Madrid, en diciembre de 2011. En términos generales, la entrevista gira en torno a dos temas específicos: el feminismo en la era mundial y la formación de feministas en este contexto. Considerada una de las rebeldes, en sus propias palabras, y compañera ideológica de Celia Amorós, Valcárcel reflexiona sobre la desigual presencia del feminismo (o los feminismos) en partes del mundo radicalmente diferentes, así como la relación entre el movimiento en España y Latinoamérica.

En desde la ONU, incluimos una breve declaración firmada por un número considerable de jefas de Estado, ministras, altas representantes y funcionarias de la ONU, a favor de promover la participación política y el liderazgo de las mujeres en todo el mundo. Estas figuras relevantes reconocen el papel que hasta ahora han desempeñado las mujeres en favor de la paz y seguridad internacionales, y el rol que ha jugado la ONU en buscar la igualdad de género. Finalmente, hacen un importante llamamiento a los Estados del mundo a eliminar toda forma de discriminación contra la mujer, así como aquellos factores que les impiden participar en la vida política de sus naciones.

En la sección de lecturas, ofrecemos tres interesantes reseñas que van de la investigación sociológica a la literatura y al ensayo antropológico. Adrián Acosta Silva escribe sobre La cultura institucional de género en la Universidad de Guadalajara, un estudio de Cristina Palomar Verea situado en un contexto académico muy específico. Podría pensarse que la academia es un espacio ideal para que haya una equidad de género auténtica, pero, como lo muestra la autora del libro, no es así. Valdría la pena extender un estudio crítico de esta naturaleza a otras instituciones académicas para averiguar si, como ocurre en esta, el discurso light sobre la equidad de género legitima a las instituciones en tanto modernas, pero al mismo tiempo promueve lo que se supone que quiere evitar: la desigualdad entre hombres y mujeres que en la vida profesional se desempeñan al mismo nivel, pero no así en el ámbito privado.

En el espacio literario, Carlos Pereda contribuye con una reseña del poemario La patria insomne, de Carmen Boullosa. Pereda elige como palabras clave patria, insomne y suave (en alusión a La suave patria de López Velarde) y, a través del análisis de los versos de Boullosa, concluye que este libro no es una elegía a la patria, tanto como un grito de resistencia contra la pérdida, la violencia, la muerte.

Por último, Karine Tinat, actual Coordinadora del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, del Colegio de México, reseña Del consentimiento, de Geneviève Fraisse. El ensayo de esta filósofa francesa obliga a reflexionar sobre el acto de consentimiento y la supuesta libertad que implica. Fraisse se aboca a desmenuzar si el consentimiento es tan voluntarioso e individual como se pretende, en particular en casos como la prostitución forzada vs. la prostitución libre; en el del argumento de consensualidad en las relaciones sexuales para defender a un violador; o en el de mujeres que acceden a matrimonios arreglados por voluntad, cuando en realidad se están sometiendo a un deseo ajeno, como puede ser el del padre. Ahora bien, el consentimiento tiene su contraparte empoderadora para las mujeres en otras situaciones, como el divorcio. Pero, como bien señala Tinat, uno de los factores poco explorados del consentimiento es que no siempre está verbalizado y, por tanto, se presta a ambigüedades e interpretaciones subjetivas que lo tergiversan. Otra de las críticas que le hace Tinat a Fraisse es que se enfoca sólo en el esquema de dominación del hombre sobre la mujer, e ignora otras posibilidades, como la dominación de mujeres sobre mujeres, lo cual es una invitación a abordar la problemática del consentimiento en circunstancias de desigualdad de poder.

En nuestra tradicional sección de argüende, presentamos un muestra de la más reciente propuesta lúdica de Jesusa Rodríguez. Inspirada en el juego tradicional de la lotería, la versión de Jesusa está conformada por imágenes alusivas a la política mexicana, su corrupción y sus vicios. Fundamentalmente, es un juego que apela a la memoria, a evitar que caigan en el olvido, a través del humor, cuestiones que han vulnerado y siguen vulnerando a la sociedad mexicana: los asesinatos de Atenco, los más de 80 000 muertos de la guerra contra el narco, el fraude electoral. Jesusa propone un cambio en la regla convencional de la lotería: al llenar la tarjeta, en vez de gritar Lotería, se debe gritar ¡No se olvida! Por cuestiones de espacio, reacomodamos las 54 figuras que aparecen ilustradas en diez cartulinas, con varias repeticiones, en solamente cuatro, sin que se repita ninguna figura, para darles una idea del mensaje político del juego. Está a la venta tanto en librerías de La Jornada, como en las oficinas de debate.

La canción "Las soldaderas", compuesta por Liliana Felipe, con letra de nuestra querida Elena Poniatowska, es una celebración a esas mujeres, en su mayoría anónimas, quienes desempeñaron un papel activo durante la revolución mexicana. Compañeras, esposas, cocineras, lavanderas, enfermeras, pero también espías y contrabandistas. Sin estas mujeres el verso con el que cierra la canción no tendría razón de ser: "Sin soldaderas no habría revolución". Puede verse en Youtube, acompañada de una interesante selección de fotografías.

Seguimos indignadas y seguiremos buscando formas de hacer la revolución, de generar y sostener a los movimientos sociales, de dar cauce a nuestra indignación, desde distintos frentes, frente a distintos hechos, contra distintos objetivos. Esa es la esperanza •

Ariadna Molinari Tato

 

1 El apelativo alude a que "ni estudian ni trabajan".

2 Este testimonio anónimo fue tomado de la siguiente página, en la cual se puede consultar en su idioma original: http://wearethe99percent.tumbir.com/post27832324341/i-am-a-24-year-old-college-graduate-i-have-a-b-a.

 

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