Creación y procreación

Creación y procreación Book Cover Creación y procreación
Varios
septiembre 1992

Editorial

La capacidad biológica de las mujeres para engendrar y parir ha sido desde siempre el sitio más evidente de la diferencia, aquel que seguramente funda todas las distancias que existen entre los hombres y las mujeres, aquel que determina las definiciones de lo femenino en función precisamente de la biología, del útero, del cuerpo. La distinción cuerpo/femenino-mente/masculina ha dado cauce al pensar y al hacer de la humanidad en términos que la historia presenta a veces como irreconciliables: el cuerpo/naturaleza se identifica con el deber irrenunciable de reproducir a la especie y de sostenerla en sus niveles más elementales; la mente/cultura puede entonces dedicarse a encontrar el sentido trascendental de la especie, a fundar lo "esencialmente humano". Esta distinción nos condena a reconocernos diferentes y separados.

Por eso las ideas que exponemos en este número pueden ser sumamente provocadoras: si creación y procreación son deseos de ambos géneros, el género masculino se obliga a asumir labores y deberes en algo más que las búsquedas de lo sublime; y el género femenino debe también asumir su responsabilidad en el ámbito de la creación. Esto nos enfrenta con definiciones de maternidad y paternidad que abren un panorama de opciones mucho más complejo. Al identificar en la instancia genérica creación y procreación nos permitimos suponer que ambos géneros —sin eludir, sin evitar, sin ignorar las diferencias— tienen que participar en los dos procesos y ser a la vez cuerpo y mente, naturaleza y cultura, biología y trascendencia.

El viejo discurso de la diferencia afirmaba la maternidad como punto principal: "como madre, la mujer no puede... no debe..."; se transformaba, por lo tanto, en un discurso prescriptivo, negativo, anclado en lo evidente. Sin embargo, esta limitación, ubicada entre los actos buenos y hasta sagrados, sigue siendo sitio de poder y de sujeción de las mujeres. Pero, como dice Alessandra Bocchetti, ¿qué hay de "indecente" en la maternidad?

Hubo un momento en que rechazamos el discurso de la diferencia, porque ese discurso nos parecía reaccionario. Hablar de la diferencia hoy, no como instrumento de negación del otro, sino como itinerario de conocimiento de nosotras mismas, abre nuevas posibilidades.

Buscar, rastrear. El psicoanálisis nace de escuchar lo que dicen los cuerpos de las mujeres. Con Freud se desarrolla un "saber" del cuerpo y sus razones, y se inaugura un proceso que empieza justamente a llenar de palabras el silencio de las mujeres. El inconsciente es el primer gran descubrimiento del cuerpo femenino. ¿Cómo encontrar el sentido al "pasado mudo" de las mujeres? Las escasas palabras de las mujeres nos obligan a empezar a hacer un recuento y a leer el silencio de las mujeres como signo de "resistencia" a un discurso que no las tomaba en cuenta. Pero el lugar por excelencia de la resistencia es la creatividad.

Bocchetti señala con cuanto afán las mujeres hablan de sus problemas con la creatividad en algunos seminarios, sobre todo en los seminarios de literatura. ¿Qué ocurre con la creatividad y las mujeres, con la creatividad y la maternidad? También hemos querido acercarnos a ese nudo.

Si la creación artística es el procrear de los hombres, ¿qué queda para las mujeres que quieren crear?, ¿dejar de ser madres? Rosa Coll al plantear "dejar de ser madres" en el sentido de esa "trama de posesión y de dominio" que caracteriza la maternidad, está postulando una idea inquietante: "¿podría esta trama de la maternidad ser el modelo inconsciente en que se gesta la esencia misma de la guerra centrada en la posesión y el dominio?". La propuesta de Coll, buscar las raíces del conflicto humano, de la guerra, en la maternidad en tanto posesividad y dominio, genera una reflexión estimulante.

¿Qué es lo que nos dificulta tanto la creación? Una amiga de Bocchetti dice que quizás es necesario aprender a "hacer los libros como hacemos un hijo" . Esta mujer también dijo : "Para hacer un libro es necesario perderlo, aceptar que no se nos parezca, asistir a su vida, compartirlo con otros. Mi hijo está allí, él es otro de mí aunque yo no soy otra de él; sé que me traicionará, que me dejará, que su recorrido no será el mío, pero éste es el único modo para hacerlo existir".

Rosa Coll dice: "Ha sido tan fácil, tan 'natural', para la madre confundirse y creer que ella verdaderamente poseía a sus hijos: se engendran en su vientre, maman de sus pechos, la necesitan constantemente, ¿cómo no va a creer que son suyos?" ¿Cómo reconocer que algo, alguien es ajeno si parece propio? En ese cómo radica la clave de la maternidad: en la convicción de que hay un espacio ajeno que debe ser respetado, y que ese espacio se amplía progresivamente —aunque la vista no lo perciba— en la medida que el hijo o la hija crece.

Esta teorización de la escritura, de la creatividad, como un ejercicio de abandono, como algo perteneciente a la misma economía de lo materno, abre otra ventana de reflexión. Bocchetti trata de analizar las experiencias fundamentales de la vida de las mujeres en términos de "economía de abandono". El abandono del cuerpo de la madre con el nacimiento es una experiencia común a los dos sexos, como también lo es el abandono de la "figura" de la madre, y de su mundo, para entrar en el mundo de la Ley del Padre. Pero esta segunda separación es mucho más dura para una mujer, pues el abandono de la madre representa, inevitablemente, la negación de sí misma.

Para el acceso al pensamiento se le pide a la mujer que se niegue, que olvide su cuerpo sexuado. Las palabras: ser, individuo, persona, sujeto, fundamentales vehículos del pensamiento occidental, no son sino aparentemente neutras. El concepto Hombre, con mayúscula, engloba a las mujeres, pero sigue siendo referente concreto del hombre, con minúscula. La diferencia sexual desestabiliza este discurso universalista y supuestamente neutro, y nos orilla a pensar lo que significa el mantenimiento de un orden cultural o simbólico masculino y de su sistema binario de género.

Esto nos plantea varios interrogantes sobre aspectos concretos de la relación entre diferencia, ética y política. Quienes pensamos que el feminismo se puede volver una fuerza política susceptible de alterar la balanza del poder político institucional, pensamos que nuestra posibilidad de una política distinta, una política feminista, radica en plantear la problemática de la igualdad y la diferencia. Hay que aprovechar todas las ocasiones que la vida diaria nos presenta para ampliar los márgenes vitales de la acción política controlada, estatal o partidaria, ciega a la diferencia sexual y a la relación de poder entre los diferentes.

La femineidad, igual que la masculinidad, es una producción simbólica marcada por la relación de dominio entre los sexos. Para transformarla manera en que nos reproducimos, material e ideológicamente, para ser padres y madres de otra manera, hay que promover otra subjetividad. Para ello necesitamos hacer converger los procesos de identificación social y política que nos conciernen con los procesos de individuación subjetiva. Para ello la exigencia es desconstruir la forma actual de la identidad femenina, en la que está inscrita la dependencia.

Un trabajo que debemos abordar es empezar a pensar como personas en cuerpo de mujer. La recomendación de Bocchetti de investigar esos pocos ejemplos de mujeres que lograron dejar una huella de sí mismas, esos pocos ejemplos de "pasado pleno" que tenemos, nos conduce a Rosario Castellanos. La lectura de un fragmento de su tesis de filosofía, junto con su alocución de 1971, nos confirman su identidad feminista, su conflicto como mujer, su búsqueda como escritora.

Creación y procreación: dos mundos de una riqueza aún por descubrir. La manera feminista de incursionar en ellos tendría que empezar por romper con el discurso de las víctimas y la autocomplacencia que genera. La curiosidad intelectual o científica, la búsqueda del goce, el compromiso con los otros, la tolerancia y la exigencia ético-políticas empiezan a perfilarse como elementos constitutivos de esta nueva manera feminista de crear y procrear.

Comité Editorial

Marta Acevedo
Silvia Alatorre
Josefina Aranda
Carmen Boullllosa
Gabriela Cano
Dora Cardaci
Jennifer Cooper
Teresita de Barbieri
Diamela Eltit
Margo Glantz
Mary Goldldsmith
Lucero González
Ana Luisa Liguori
Laura magriñá
Alicia martínez
María consuelo Mejía
Patricia Mercado
Miriam Morales
Hortensia Moreno
Leticia Murúa
Lorenia Parada
Mabel Piccccini
Elena Poniatowska
Verena Radkau
Carmen Ramos Escandón
Jesusa Rodríguez
Sara Sefchchovichch
Estela Suárez
Elena Tapia
María Antonieta Torres Arias
Esperanza Tuñón