Cuerpo a Cuerpo

Cuerpo a Cuerpo Book Cover Cuerpo a Cuerpo
Varios
octubre 2007

Editorial

Otra vez el cuerpo. Desde la perplejidad occidental de ser incapaces de resolver nuestros propios dualismos. Porque tres siglos y medio después de las Meditations, el fantasma de Descartes sigue dando guerra. La duda en la evidencia de los sentidos, de lo que puedo ver con mis propios ojos. La presunción de una existencia doble, de dos sustancias distintas e inconmensurables —mente y materia— y rigurosamente jerarquizadas: la preminencia del cogito sobre la carne. No puede sino parecernos paradójica una mirada que transparenta lo visible y desconfía de la posibilidad de la existencia del mundo material. En esta lógica, es lógico que el cuerpo esté situado en el afuera y sea externo y sea explicado y comprendido como Otro entre los otros sin que nadie parezca sublevarse de indignación.

Aunque el problema quizá viene de más lejos, desde la artimaña platónica para desligar soma de psyche en la certeza de un Sócrates dispuesto a morir para asegurar su propia inmortalidad. De ahí a la escatología cristiana que mira el cuerpo como la cárcel del alma no hay más que un paso. Nuestra cultura está llena de representaciones que privilegian la espiritualidad intangible sobre la corporeidad precaria, contingente, destinada a la podredumbre. En este contexto no es difícil establecer paralelismos duales entre cuerpo y alma, pasivo y activo, mortal y divino, existencia y esencia, femenino y masculino.

En este número nos hemos propuesto explorar el dilema desde otros lugares. El punto de partida reconoce el cuerpo como el asiento de la identidad, la condición del pensar, el fundamento de la vida social. Al mismo tiempo, asume la índole ineludiblemente problemática de la corporalidad, en particular desde los posicionamientos subjetivos que se definen precisamente por su especificidad corpórea o por su "diferencia biológica": por ejemplo, ser mujer o pertenecer a una etnia minoritaria marca la mera presentación del cuerpo como el hecho distintivo que permite asignarle a una persona un lugar social y obstruirle el acceso a otros espacios. El arranque, no obstante, es sesgado, porque estamos explorando la frontera que —según Estela Serret— es el modelo y la condición de todas las otras fronteras: el género.

El pórtico es un texto donde Ana María Martínez de la Escalera cuenta varias maneras de decir el cuerpo. Sugiere preguntas para desconstruir la dualidad sin descuidarla, porque “no hay inmediatez en el trato con el cuerpo”; porque el cuerpo “se realiza (performativamente) como lo sujetado”. El cuerpo expresión y experiencia, objeto del discurso y la representación, es un ser práctico, sumergido físicamente en el mundo y capaz de actuar sobre él, además, de manera colectiva, a través de las mediaciones del lenguaje y la cultura.

Seguimos con una sección dedicada a un ámbito corporal por excelencia: el mundo deportivo y su profunda cualidad genérica. Hortensia Moreno introduce en clave poética una investigación sobre cuerpo y boxeo en la cual indaga sobre las tecnologías de género que han dado lugar a una tradición donde se define la masculinidad en función de la fuerza. La evidencia histórica permite aquí dilucidar algunos de los paradigmas más poderosos acerca de la diferencia entre los géneros.

Por su parte, Loïc Wacquant, después de una sugerente reflexión sobre la marginalidad de los estudios del deporte, pone en diálogo al cantante de blues con el boxeador para desmentir la idea de que el atleta sea un personaje carismático. En este mundo del espectáculo que la academia mira con desdén, ambos oficios —el del artista y el del púgil— están atravesados en forma decisiva por dos signos de identidad: género y etnia. Ni en el boxeo ni en el blues es irrelevante el origen etno-racial y la pertenencia al sexo masculino.

Con sutil detalle, Ann Chisholm nos ofrece una verdadera radiografía de la gimnasia olímpica femenil. A medio camino entre el deporte moderno, los trucos circenses y la imaginería juglaresca, la disciplina adquiere matices contradictorios cuando somete a sus protagonistas a un tratamiento simbólico especial y termina por convertirlas en unas niñas monísimas de cuerpos asexuados, fracturados, secuestrados y entregados al más minucioso escrutinio de los medios masivos de comunicación.

Complementamos el debate con una mesa redonda donde reunimos a seis futbolistas que han transitado del ámbito amateur al profesional con diferentes suertes, para que nos hablaran de sus experiencias personales en “el deporte del hombre”. Con la gracia y el humor de sus cuerpos retozones, reviven la emoción, el atrevimiento, las decepciones y los logros de una actividad que las apasiona de manera tan completa que son capaces de jugar con lesiones recientes, de poner en riesgo sus relaciones social y de pareja, de enfrascarse en batallas campales y de moverse de un lado a otro de la ciudad en sábado con tal de volver a sentir el latigazo de la adrenalina. Como colofón, incluimos un brevísimo saludo de la Chorcha Chillys Willys al triunfo de la golfista mexicana Lorena Ochoa.

En el siguiente bloque, Carlos Monsiváis y Marisa Belausteguigoitia nos deleitan con sendas crónicas sobre el acontecimiento que generó la propuesta de Spencer Tunick de utilizar el Zócalo de la ciudad de México como marco para su más reciente obra fotográfica. Desde diferentes posturas (ella en la plancha, completamente desnuda, rodeada por alrededor de veinte mil cuerpos igualmente desnudos; él vestido, y más tarde testigo privilegiado de la visita a la casa de Frida Kahlo para la instalación donde participaron solamente mujeres), Monsiváis y Belausteguigoitia no pueden dejar de subrayar la complejidad del fenómeno. En lugar de alistarse en las filas de la crítica de arte, comprendieron que, sin importar de dónde proviniera la convocatoria, reunir a miles de personas en cueros iba a ser profundamente significativo, viérasele por donde se le viera. Entre ambigüedades flagrantes y deslices notables —como la desafortunada situación en que se vieron algunas mujeres desnudas ante sus contrapartes varones ya vestidos y con sus celulares-cámaras fotográficas en ristre—, el suceso deja ver que hay en juego —y este sustantivo no es trivial— algo más allá de la “voluntad del fotógrafo”: la cualidad festiva, el desorden, las consignas políticas y hasta la ingenuidad de algunas declaraciones reflejan un ímpetu de apropiación que desborda con creces el utilitarismo del caso.

En tándem con esas dos crónicas, Lucía Melgar repasa otras maneras de exhibir el cuerpo en la calle, a partir de un grupo de manifestantes desnudos en la explanada del Palacio de Bellas Artes. Su mirada perspicaz recorre ese intento quizás infructuoso de llamar la atención, pero se mueve a otra parte: de la oferta porno al dolor de Frida Kahlo, de la hostilidad de la calle a las narrativas de Elena Garro y Adriana González Mateos, del debate por la despenalización del aborto a la fragmentación del cuerpo de las mujeres. Todo está en la calle.

En “desde la impunidad”, Marisa Belausteguigoitia vuelve a intervenir, ahora con una interpretación de la muerte de Ernestina Ascencio, indígena nahua de la sierra de Zongolica en la que necesita referirse al origen imperial de nuestras actuales políticas de la lengua. Aquí, Belausteguigoitia quiere hacer sentido y encontrar los hilos conductores de un caso de mediación y traducción desafortunadas de las lenguas institucional, oficial, gramatical, jurídica, incapaces de aprehender las lenguas indígenas y a los sujetos marginales.

Piel y memoria van unidas por los tatuajes en la exposición de Mirta Kupferminc, sobre la que presentamos textos y fotografías.

En “desde lo queer”, Brad Epps lleva a cabo un recuento de la teoría queer para poner en entredicho la posibilidad de su trasplante a un contexto hispanoparlante, con el argumento de que el énfasis en este término pone de relieve el peso de su procedencia, y limita su uso y comprensión a los sectores académicos y activistas, con lo cual “corre el riesgo de silenciar, bajo la fuerza de una palabra clave que se resiste a la traducción, otras historias, costumbres y prácticas”. El análisis de la obra del escritor argentino Néstor Perlongher le permite establecer una plataforma de enorme riqueza conceptual que cuestiona tanto la “naturalidad” como la “normalidad” de la identidad genérico-sexual.

A su vez, David M. Halperin propone una lectura “abyecta” de la subjetividad gay masculina que prescinda de la psicología y del psicoanálisis —discursos que han patologizado a los sujetos queer con el uso insistente de la oposición entre lo normal y lo enfermo— para confrontarla en su estructura afectiva, “conformada en su origen por experiencias sociales de rechazo y vergüenza, encrespada con impulsos de transgresión”; para “convertir la exclusión social en desafío social”. Recurre a fuentes intelectuales que se remontan a Kristeva y Sartre, y a fuentes literarias de la misma raigambre con Jouhandeau y Genet.

La sección de poesía está conformada por un poema largo, “Carta a mi madre”, de Juan Gelman.

En “desde la literatura”, Rosa Beltrán examina, con humor filológico, las trampas del lenguaje que nos depara la infancia y el poder del diccionario en el acceso a la madurez, con una hermosa recuperación del germen de su vocación literaria en un entramado familiar que reparte el hacer y el fabular entre los sexos. Desde esos inicios, identifica la literatura como una “puerta falsa” que la conduce, mediante el ejercicio de la escritura y la lectura, a la recuperación de la voz materna.

En el texto de María Teresa Priego se desgrana una intimidad de tintes incestuosos con la pretensión, quizá, de descifrar una tortuosa relación madre-hija. El soliloquio desdoblado de Lola y La voz pregunta y responde los intrincados afectos, desencuentros y sinsabores de un imaginario cargado de referencias psicoanalíticas en un estilo escritural cada vez más propio y atrevido.

“Lecturas” incluye cuatro reseñas. Hortensia Moreno analiza los datos contenidos en Presencia de hombres y mujeres en la UNAM. Alma Luz Beltrán y Puga comenta tres libros sobre la igualdad de género publicados por Conapred. La Chorcha Chillys Willys presenta la primera novela de Adriana González Mateos, El lenguaje de las orquídeas y finalmente Lucía Melgar presenta el documental Bajo el Tacaná de Isabel Vericat, filme sobre la inmigración en el sur de nuestro país.

Y para concluir, como siempre Jesusa Rodríguez, esta vez con un testamento de una Frida Kahlo muy molesta y "Son lo que son", canción de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez.

Comité Editorial

Marta Acevedo
Enid Álvarez
Marisa Belausteguigoitia
Gabriela Cano
Dora Cardaci
Mary Goldsmith
Nattie Golubov
Lucero González
Sandra Lorenzano
María Consuelo Mejía
Lucía Melgar
Araceli Mingo
Hortensia Moreno
Mabel Piccini
María Teresa Priego
Raquel Serur
Estela Suárez